OSCURIDAD TOTAL, O CASI TOTAL…

OSCURIDAD DE SOMBRAS… oscuridad de grillos… de chicharras…

OSCURIDAD de la vejiga necia.

“AMÁ… quiero orinar”.

Y MI MA’ LINDA, al otro lado de la pieza, de nuestra pieza separada por un ropero y la cómoda con el espejo hacia nuestro lado de aquel galerón, despertaba apenas.

“AHÍ ESTÁ LA BACINICA”.

PERO ADLAY no era de los que se levantaran a tomar la bacinica, mucho menos aventurarse a salir en aquellas noches de rumores y caminar al fondo del patio, en donde estaba el baño.

DECÍAN QUE los duendes a esas horas estaban columpiándose en las ramas del anono… o que mordían mangos verdes y los lanzaban a los trasnochadores.

NO, NO…

ADLAY, A SUS NUEVE años, necesitaba que alguien grande se levantara para sostenerle el bacín.

SÓLO QUE SU MALA puntería, conocida de todos, evitaba que algún samaritano se levantase para ayudarle a sostener el orinal.

LUEGO DE UNOS 15 minutos de dormitar, de volver a clamar que tenía muchas ganas de expulsar excedentes líquidos, decidió levantarse.

PERO NO IBA a orinar en el bacín…

“VOY A IR A LA PUERTA”… y desde la puerta, planeaba dirigir el chorro hacia el pasillo, después de todo, Lucía llegaba temprano para lavar el espacio.

ASÍ QUE SALIÓ hacia la puerta… tambaleándose… con el pitillo en una mano, y con la otra avanzando a tientas, pesadamente.

ESCUCHÉ EL GRAZNIDO de la puerta, y una respiración profunda cuando se disponía a expulsar…

PERO DE REPENTE, el portazo… de repente el grito… la entrada a brincos, con el pito en la mano.

“¡AVISPA… AVISPA!” YA NO LE URGÍA ORINAR… le urgía evitar la avispa… “¡Avispa…

avispa!” BRINCAMOS TODOS… alguien prendió la luz.

CON LA TRUSA desgarranchada… apretando su apéndice genital…

el tío Congorila se levantó desde su rincón, pensó que había algún ladrón en casa. traía un palo de escoba en la mano, entonces vio la cara de angustia de Adlay, su mano temblorosa que sostenía el pitillo…

ENTONCES BAJÓ el palo de escoba…

YO MIRABA todo como si ocurriera en cámara lenta…

VI EL ROSTRO DEL TÍO Congorila descomponerse en una mueca, y lanzar el angustioso grito…

“¡MUCHACHO, me vas a mear!” TENÍA RAZÓN…

ADLAY LO MEO… solamente los calcetines que traía puestos… rotos de la punta…

LO MEO CON UN CHORRO certero, de una sola línea… no como la regadera que acostumbrábamos todos.

LO MEO Y LO HIZO dejar caer los hombros… lo hizo menear la cabeza…

POR CIERTO… la avispa no era avispa, era un moscón… de esos que buscan la luz, de esos que chocan contra las paredes.

DE ESOS QUE PROVOCAN lamentables accidentes, como mear al tío bueno que iba a protegernos de un ladrón inexistente.

.(JavaScript must be enabled to view this email address)
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb