Desde 2005 lo confirmé, aunque sospechaba desde mucho antes por los constantes referentes, sobre todo al paso del célebre Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, por diversos puntos de la geografía universal... después de su “muerte oficial” en 1997. Concatenando historias –y extradiciones montadas por subterfugios legales ajenos a la justicia y la soberanía nacional, como cuando se inventó que Juan García Ábrego, “El Capo del Golfo”, tenía nacionalidad norteamericana para ser llevado ante los tribunales estadounidenses sin que se sepa más de él-, podemos descubrir la trama de fondo: la gran estrategia oficial para negociar con los grandes “capos” es, precisamente, poniéndolos fuera de los escenarios y del alcance de la justicia.

En 2005, precisamente en Ciudad Juárez, mientras realizaba mis labores de investigación para publicar mi obra sobre la apasionante y escarnecida urbe, pregunté al entonces delegado de la Procuraduría General de Justicia, Héctor Sánchez, si se planteaba abrir el expediente sobre el jefe del llamado “Cártel de Juárez”, precisamente Carrillo Fuentes, dadas las evidencias de que podría estar con vida, muy bien protegido por la mafia rusa y sus aliados estadounidenses. Y que era clara, además, la parodia sobre el grotesco cadáver exhibido a los medios informativos; el infeliz a quien correspondía el cuerpo con el rostro desfigurado no era otro sino Cipriano, hermano de Amado, lo que le permitió a éste escabullirse desde entonces. Y ya pasaron tres lustros.

El funcionario respondió:
--Carrillo Fuentes está “oficialmente” muerto y, por tanto, su caso está cerrado. Además el fallecimiento de este señor fue verificado por la DEA –experta en modificar perfiles y entornos para proteger a determinados testigos o elementos útiles para indagar a otros personajes-, y no tenemos ninguna duda.
¿Para qué invertir en un operativo inútil?
Buen punto final. Lo mismo podría decirse de Ignacio “Nacho” Coronel, abatido supuestamente en Zapopan en julio de 2010, y cuyo ADN, según versión verificada por la colega Anabel Hernández y sus fuentes militares, no coincidió con el que se tenía del criminal. De haber sido así, el poderoso señor del “Cártel de Sinaloa”, encabezado por el intocable Joaquín “El Chapo” Guzmán, sencillamente se esfumó, confirmando el presunto acuerdo soterrado entre la administración federal y el “capo de capos” para tratar de integrar el narcotráfico en un solo mando y con ello bajar de intensidad la guerra de las drogas que ya suma más de 60 mil víctimas civiles, aunque el Gobierno “sólo” reconoce a 45 mil, el aforo, por ejemplo, de la Plaza de Toros México en una tarde de lleno a reventar.

Eso sí: los bombos y platillos de los voceros oficiales de los cuadros de seguridad nacional suenan a todo volumen cada que cae uno de los “más buscados” de una lista interminable que, en vez de reducirse, cada vez se amplía, sin remedio, con la aparición de nuevos elementos, de mayor ferocidad, a quienes se adjudican masacres colectivas y toda clase de esperpénticas ejecuciones.
Mientras tanto, la administración de Felipe Calderón alega que, de “no haber actuado”, México estaría en manos de los criminales. ¿No lo estamos ya, a pesar del ruinoso periodo sexenal del Mandatario mencionado como usurpador –así pasará a la historia- contra cualquier tesis sobre la salud democrática de nuestro país?
Los saldos sangrientos son tremendos. Cuando, por ejemplo, el doctor José Ángel Córdova fungía como secretario de Salud –ahora anda por los “caminos de Guanajuato” siguiendo la ruta de José Alfredo-, pretendió matizar las cifras aduciendo que, en México, más se morían por diabetes o en accidentes de tránsito. No dudo que lo haya declarado de buena fe en busca de una sonrisa cómplice del señor Calderón, pero aquello no tenía fondo. Le repliqué en sus oficinas del ministerio:
--Si a ésas vamos: ETA, acaso el grupo terrorista más antiguo y despiadado –célebre además por sus constantes atentados y su ausencia de palabra para cumplir con los pactos de alto al fuego-, en poco más de cuarenta años de existencia, esto es desde antes de la muerte de Franco en noviembre de 1975, asesinó a ochocientas cincuenta personas y de tal se ha hecho casi una leyenda criminal. Y en México, en apenas un periodo de gobierno, las víctimas ya suman más de 40 mil. ¿Qué le dice esto, señor secretario?
Muy serio, casi al descubierto, musitó tratando de ocultar un bostezo como al amparo de su cansancio físico al final de “una jornada intensa” de trabajo:
--Bueno, también es un punto de vista que debemos tomar en cuenta.

Y no agregó más, obviando las circunstancias. Pocas semanas después declinó como secretario dispuesto a ganar la candidatura del PAN al gobierno de su entidad, a pesar del bloque caciquil armado por el gobernador Juan Manuel Oliva Ramírez, quien pasó por el periodismo también acaso para conocer cómo blindarse mediante las complicidades financieras de altísimo nivel, de dimensiones tales como para tener un pulso con la Presidencia de la República que, a últimas fechas, intriga mucho y gana poco... como en Michoacán. Lo grave es que persiste en la ruta y no quiere perder el diferendo final: precisamente los comicios federales de julio próximo –cuando se estén cumpliendo dos años de la espectral desaparición de “Nacho” Coronel y sus huellas materiales.

Tales son los cuentos que nos han vendido con singular reincidencia y ante el asombro de una ciudadanía que no alcanza a descubrir cómo es que, como las ratas, siguen apareciendo delincuentes de muy altos vuelos, cuyos nombres van conociéndose a salto de mata, cuando tantas veces se ha hablado de que tal o cual cártel o grupo de secuestradores ha sido “desmantelado”. Que se sepa ninguno ha dejado de operar. Y peor: tampoco han disminuido, en un solo gramo de acuerdo al Departamento de Seguridad Interior de los Estados Unidos, los cargamentos de drogas hacia el poderoso vecino del norte.

La Anécdota
Fue en Ciudad Juárez en donde pregunté, ante la proliferación de tugurios, si en la vecina El Paso, Texas, no había falenas:
--Sí las hay –me respondieron-. Pero las de aquí están mejor cotizadas. ¿Sabe por qué?
--Usted me lo dirá...
--Las del “otro lado” son muy viciosas; aquí, en cambio, se prostituyen para poder comprarles pañales a sus hijos. Siento la misma rabia, la misma impotencia, que ustedes, amables lectores.

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