La virtual postulación de Josefina Vázquez Mota enriquece la contienda. Es la primera ocasión en la historia política de nuestro país que una mujer tiene posibilidades reales de acceder a la Presidencia. No afirmo que el reto sea menor. Para nada, la ventaja del puntero es enorme. Pero técnicamente podría darse. Ningún partido, ni siquiera el PRI, tiene ya suficiente voto duro para vencer. El porcentaje de independientes, alrededor de 44%, convierte a la contienda presidencial en la conquista de un territorio que nadie tiene asegurado. Los independientes son el mayor factor de modernidad de nuestro sistema electoral. Podemos estar decepcionados de los partidos y de muchos protagonistas, pero el electorado mexicano ha mostrado un creciente nivel de exigencia. Veamos el asunto en perspectiva.

Después de la elección del 2000 quedó claro que el PRI no era invencible. Después del 2006 y la mínima diferencia que le dio la victoria a Calderón, se hizo evidente que también el PRD podía acceder a la Presidencia. Son esos independientes los que se esperan hasta tener a los candidatos frente a frente, es decir no votan por un partido sino por el perfil de un candidato y su desempeño. Son esos independientes los que siguen los pronunciamientos de campaña, los que cobran facturas por expresiones como “las chachalacas”, “al demonio con las instituciones” o la “prole”. Se trata de un México que guarda su decisión hasta que pasen los debates y que en un buen porcentaje, alrededor del 20%, deciden en el último mes. Insisto, técnicamente la contienda apenas comienza. Todo puede ocurrir. Hace 12 años en enero el puntero era el candidato del PRI. Hace seis era el del PRD. Queríamos democracia, la incertidumbre es parte del juego democrático. Pero además en el Censo del 2010 apareció una marcada diferencia en favor de las mujeres sobre los varones. Seguramente en el padrón también son mayoría.

Vayamos a lo más relevante, el hecho de que una mujer esté en posibilidades reales de ganar sitúa a México en un nivel de madurez política que ya merecíamos. No es un asunto de moda o de casualidad. Pensemos en la canciller Merkel que lleva sobre sus hombros buena parte del futuro de la Unión. O en la presencia mundial de la señora Clinton en su calidad de secretaria de Estado de la mayor potencia, quien además contendió muy dignamente contra Barack Obama. Pero el avance de la mujer está ya mucho más cerca y lleva tiempo. Recordemos a la señora Chamorro en Nicaragua, quien fuera pieza clave en la pacificación de ese país. O en la huella de Michelle Bachelet en Chile, quien imprimió un sello de izquierda moderna a su gestión. Y qué decir de Dilma Rousseff en Brasil que ha eliminado a medio gabinete por problemas de corrupción. México no podía quedarse atrás en ese cambio que es universal.

Las anteriores candidatas a la Presidencia, Rosario Ibarra, Cecilia Soto y Patricia Mercado, por desgracia no pudieron pasar de un papel testimonial. En el 2012 es diferente. Si el PAN se consolida como segunda fuerza y cierra el margen frente al PRI, el discurso de Vázquez Mota puede imprimir un giro de reivindicación femenina que mucha falta nos hace. La igualdad de género es todavía una meta muy lejana, basta con ver los expedientes de violencia intrafamiliar, o el laboral, los niveles salariales, las condiciones de la doble jornada, la discriminación silenciosa y no tanto, la deserción femenina que se agrava desde el último año de primaria o la matriculación universitaria. ¿Quién atiende con frecuencia a los hermanos menores o a los adultos mayores sino esas niñas y mujercitas que dejan la escuela para cumplir con una función para la cual el Estado mexicano es incapaz?

La agenda de las mujeres en México está en construcción y no sólo es una cuestión que atañe a los sectores de bajos ingresos y nivel educativo. El comportamiento machista de muchos grandes corporativos nos recuerda lo resistente que es esa actitud. Hay machos pobres y ricos, ignorantes y educados, rurales y urbanos. Cómo olvidar a las “Juanitas”. Esa agenda de una auténtica reivindicación de la mujer en la vida cotidiana está más allá de las ideologías partidarias, no es ni de derecha ni de izquierda. Por supuesto que hay puntos conflictivos como el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo que deviene en la potencial interrupción del embarazo. Se trata de un asunto que divide al mundo y que polariza las discusiones. Pero la lista de pendientes es mucho más amplia.

Algunos se cuestionan si una mujer podría lidiar con los problemas de seguridad y ser el jefe nato de las Fuerzas Armadas. Allí afloran los mitos y resistencias culturales que la candidata tendrá que vencer. Vázquez Mota ha vivido dos campañas, ha sido dos veces secretaria de Estado y se rodea de gente capaz. Por eso, independientemente de las posiciones partidarias, el hecho de que una mujer esté hoy en la lid es en sí mismo un gran avance.