El tema viene a colación porque si al gobernador electo Rubén Moreira le preguntan hace tres, cuatro semanas, si el Gabinete lo presentaría la víspera de su toma de posesión –el jueves próximo–, según lo hicieron Humberto Moreira, Enrique Martínez y otros de sus predecesores, pudo haber respondido, como “el Güero”: –N’ombre, si para entonces ya hasta habremos hecho cambios.
En efecto, uno de los primeros nombramientos que anunció fue el de David Aguillón, para la Secretaría de Gobierno, o sea donde está; y otro el de Miriam Cárdenas, primera mujer que ostentaría el cargo de procuradora, figura a la que se regresará tras el fracaso de la Fiscalía General del Estado. Justo en ese par de posiciones ocurrieron los primeros ajustes, antes de la existencia de un Gabinete formal.
La Secretatría de Gobierno será para Miguel Ángel Riquelme, hombre más de campo, de operación electoral, que de escritorio, si en el ínterin no sucede otra cosa. La Procuraduría se conservará para una mujer: Griselda Elizalde Castellanos. ¿Y para Aguillón, pieza clave del tablero del Gobernador electo? Algo así, según se ha filtrado a columnas políticas, como una jefatura de gabinete. O sea que lejos de perder influencia, la acrecentará. Siempre es necesario un hombre leal, de todas las confianzas.
Con Moreira como cabeza del próximo gobierno, en las juntas de Gabinete habrá paridad entre hombres y mujeres: ocho y ocho. La presencia del mayor número de mujeres al inicio de una administración cae, para mí, más en el terreno del simbolismo que en el de la efectividad. Si existieran garantías de lo segundo, entonces sí: las mujeres al poder. La composición del secretariado responde, por otra parte, a una promesa del gobernador electo.
Las mujeres, en verdad, han sido histórica e injustamente marginadas. Hoy mismo lo son: en la política, los negocios, las empresas, los Congresos y muchas veces, incluso, en el hogar. Pero más que fuerza electoral capaz de decidir cualquier proceso –a escala nacional representan el 51.92 por ciento de la lista nominal–, son personas con capacidades, talentos, virtudes, limitaciones, defectos, sentimientos, pasiones, filias y fobias. Igual que los hombres, al fin de barro.
Más que reclamar la primacía de un sexo sobre otro o gastar el tiempo en esas fruslerías, lo importante es aprovechar, de uno y otro, sus alcances e incluso potenciarlos. Es plausible que la mitad de las carteras del próximo Gabinete recaiga en mujeres, pero lo verdaderamente relevante es que brinden resultados. Ello dependerá del apoyo que reciban del Gobierno, de los demás secretarios y de su capacidad para adaptarse a las circunstancias. Pero sobre todo, del entendimiento, comunicación y relaciones que construyan con una sociedad que ha roto el silencio.
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