Hace unas semanas tuve la oportunidad de conocer al equipo que acompañará durante su gestión al alcalde de Tepehuacan de Guerrero. En esa reunión llamó mi atención una realidad que quizá para muchos pase desapercibida, pero que es parte de la vida diaria: El papel de la mujer en el ámbito laboral.
Había jóvenes y particularmente vi mujeres profesionistas. De todas las personas presentes destacaba una mujer que estudiaba en la primaria de mi pueblo cuando yo estudié, Malena, ella tenía en brazos a su tercer hijo de dos meses al que amamantaba y arrullaba. Verla me recordó la etapa de crianza de mis hijos, en aquella época yo era diputada local y combinaba las actividades legislativas con mi papel de madre, incluso cuando las sesiones del Congreso se alargaban, iba al baño y me sacaba la leche para enviarla a mis hijos.
Fue muy satisfactorio ver que ese suceso era algo natural para quienes se encontraban en aquella reunión y particularmente porque pese a que Tepehuacan es una población eminentemente rural, el avance laboral en materia de equidad de género es muy significativo.
No obstante, aún queda mucho por hacer para reconocer el valor del trabajo de la mujer, particularmente cuando tiene que combinar la faceta laboral con las actividades propias del hogar y de la maternidad, pues de acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), en el último año ha recibido alrededor de 300 quejas por discriminación laboral, de las cuales el 70 por ciento corresponden a discriminación de género contra mujeres,
En lo personal puedo asegurar que en los encargos que he desempeñado jamás he sido discriminada por parte de las personas a las que he tenido el privilegio de servir, sin embargo debo aceptar que en los niveles cupulares sí lo he percibido, es decir, en el ambiente de trabajo sí se da y entre más alta es la posición, mayor discriminación puede existir.
La discriminación debe ser eliminada y todos tenemos el deber de contribuir para lograrlo, reconociendo que tanto mujeres como hombres podemos desarrollar de manera profesional cualquier actividad y formando a nuestros hijos e hijas con la convicción de que la igualdad debe ser uno de los pilares de nuestra sociedad.
Las mujeres podemos ser todo, madres, hijas y esposas, y al mismo tiempo profesionistas, comerciantes, obreras, maestras, etc., y además darnos el privilegio de amamantar a nuestros hijos y educarlos para que no discriminen, para que respeten y se respeten.
Alma Carolina Viggiano Austria
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