6 lecturas





Un disco del grupo “After Forver”, llamado “Invisible circles”, me enseñó que lo más increíble de la historia es que da vueltas en círculos, que todos aquellos defectos que vimos en nuestros padres acabamos teniéndolos nosotros mismos y las virtudes también; que las grandes figuras del deporte acaban con historias parecidas a las que ya vivieron otros “héroes” del pasado.

Ahí tenemos a “Rafa” Nadal, por ejemplo, quien fue eliminado el domingo de Roland Garros, el único torneo en el que no había tropezado en cuatro años. Y justo cuando todos hablábamos de lo impresionante que sería vivir otra final contra Federer (incluso algunos especulábamos sobre si “Fed” podría hacerle la afrenta de ganarle en “su patio” justo como Nadal le venció en Wimbledon), ahí tienen que el “gigante de arcilla” vio cortada su impresionante racha de 31 victorias al hilo con un sueco que ni siquiera está dentro de los primeros 20 del mundo, con un “don nadie”, justo como le pasó al tenista con el que suelen comparar más al español: Bjön Borj, quien siempre perdía con un mediocre Adriano Panatta. Pero inmediatamente después de ver el juego me di cuenta de que sólo así puede caer un grande, con un pequeño. Decía que las historias se repiten y este cuento ha sido el mismo desde que David apedreó a Goliat.

¿Qué trato de explicar?, que los jugadores importantes suelen “jugar con todo” sólo ante rivales que ellos consideran dignos y al momento de enfrentar a “gladiadores” que ellos creen débiles, ceden en coraje e iniciativa, ese es el error por el que pierden, por menospreciar, y en cambio la misma biología nos demuestra que un pequeñísimo virus (tan pequeño que apenas podríamos verlo en microscopio) puede tumbarnos y hacernos acabar doblados de dolor y fiebre en una cama. Por lo tanto, yo propongo el ejemplo de Nadal como una muestra más de la necesidad de humildad, que si aspiramos a conseguir victorias importantes, romper los récords inalcanzables, nos concentremos en cada juego, en cada punto, como si se tratara del rival más difícil y complicado que hayamos enfrentado en las canchas de la vida. Si no, la historia se repetirá, perderemos por confiados y tendremos que esperar el siguiente torneo.

DINERO MUY LEJANO

El domingo me lancé a un ranchito alejado de la mano de Dios llamado Químicas del Rey, supuestamente para correr en una competencia a campo traviesa. La primera travesura que el destino me puso fue las indicaciones cruzadas de dos personas en las que confío, una me dijo que me fuera por la carretera de Torreón y otra que con rumbo de Monclova, elegí hacerle caso a la última recomendación y mi viaje fue de 8 horas en lugar de las 5 que hice en trayecto de vuelta, cuando me vine a Saltillo por la zona lagunera.

No crean ustedes que era una carrera súper importante, el premio era apenas de 3 mil 500 pesos, pero lo que más me sorprendió fue el personaje que la ganó, hasta allá se fue a perseguir (bajo un hermoso sol de 46 grados a la sombra) los billetes, ¿quién creen?: ¡sí señor, un keniano! Imagínense lo que pasará en el próximo 21-K.
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