Después del atentado que sufrió el casino Royale, en Monterrey, con 52 muertos ocasionados por un incendio provocado por un grupo de la delincuencia organizada, siguió un escándalo que fue tan impactante como el atentado mismo, aunque dio la impresión de que tiene tintes intensamente políticos. Se dio a conocer en algunos videos cómo el señor Jonás Larrazábal, hermano del presidente municipal, recibe de empleados de un casino una fuerte cantidad de dinero, al parecer 400 mil pesos, que al ser interrogado de su procedencia, declaró su abogado provenir de la venta de quesos y otros productos de Oaxaca.
Respecto del tema de los quesos, recuerdo uno que me impresionó porque era un enorme queso Roquefort que se vendía en el barrio latino de París, cerca del metro del puente de Cligancourt, un día sábado, en el que los pequeños productores del campo francés llevan al mercado de pulgas a vender a París algunos de sus productos. Era un queso que pesaba cerca de 200 kilos y que costaba el equivalente en moneda mexicana a 115 mil pesos. Es, sin duda, uno de los mejores quesos que existen en el mundo, de una producción muy limitada y su sabor es tan fuerte que no cualquier persona lo aprecia.
Con 400 mil pesos se pueden comprar 700 kilos de queso Roquefort, pero también se pueden comprar 4 mil 167 kilos de queso trenzado de Oaxaca a 96 pesos, precio de oferta. Si en el espacio de un mes una familia compra regularmente 4 kilos de queso trenzado de Oaxaca, el señor Jonás Larrazábal vendió quesos a mil 41 familias regiomontanas que, además de apostar, fueron a comprar queso trenzado de Oaxaca al casino en donde fue grabada esta cinta.
Y me quedan varias dudas: ¿Cómo transportó al casino esas cuatro toneladas de queso? ¿En donde las repartió, adentro o afuera del establecimiento? ¿Por qué el casino hizo el cobro del queso? ¿O tal vez era el casino el distribuidor, a manera de supermercado, dándolo como premio o como estímulo para seguir jugando a las personas que asistían para recrearse en el juego? ¿O lo daban como botana o como relleno de las enchiladas que tal vez ofrecían ahí? Si una orden de enchiladas lleva 140 gramos de queso (yo las prefiero con queso chihuahua), ¿cuántas órdenes tuvieron que repartir para agotar todo ese queso y comprarlo para el mes siguiente? ¿Por qué mejor no las hicieron de queso Roquefort?
Estas preguntas tal vez nunca obtengan respuesta, pero son tan absurdas como la afirmación de que el dinero que se le entrega al señor Larrazábal en el video es por venta de quesos de Oaxaca. ¿Tan poco respeto tiene su abogado por la inteligencia de los demás que no pudo encontrar una explicación menos ridícula? Si esos argumentos van a usar en el proceso judicial, será un juicio sumamente divertido.
El problema es que la procedencia de ese dinero no ha podido ser debidamente acreditada. El señor Jonás Larrazábal no pudo presentar facturas o documentos que acrediten la venta de estos productos. Interrogados por la prensa, los productores y distribuidores de productos lácteos de Monterrey no reconocen a Larrazábal como a alguien del gremio. Lo más probable es que su dicho no sea verdad. Y la verdad, como es frecuente en este país, va a ser la perdedora real. Abogados y testigos seguramente enredarán las cosas y no podremos saber la esencia de tan fantástico negocio, que debería servir como Estudio de Caso para todas las escuelas de negocios del mundo. Ni modo, los menonitas tendrán que seguir trabajando duro y a su modo.
| Comparte ese artículo: |
|



