De cualquier manera, Díaz Serrano no pudo sostenerse ni siquiera por la fervorosa amistad que le unía al presidente López Portillo quien debió tomar no sólo la decisión de solicitarle su renuncia, sino además, por efecto de lo primero, dejarle fuera de la carrera por la sucesión presidencial. Luego, al término del sexenio, aun con el blindaje del fuero constitucional que le otorgaba su escaño en el Senado, fue acusado por fraude y peculado, desaforado e ingresado en la cárcel en donde permaneció, sin que se le hubiera dictado sentencia, durante todo el abyecto período del vengativo Miguel de la Madrid.
Poco después se supo que Díaz Serrano tenía acciones de Arbusto Oil Company, la empresa texana que había hecho crecer al clan Bush hasta enriquecerlos y permitirles convertirse en una de las familias estadounidenses más poderosas. Y entre George padre y Don Jorge prevalecía además una relación estupenda. Cuando tal se supo, y las aspiraciones de George Bush se hicieron más sólidas con rumbo a la Casa Blanca, precisamente en el año de 1987, muchos creyeron que tal sería determinante para asegurar su salida de prisión y una acelerada vindicación en detrimento de quien lo había perseguido a mansalva. No fue así, desde luego, ni siquiera al asumir el primero de los George la Presidencia de los Estados Unidos aunque fue claro que, meses después, Díaz Serrano recuperó la libertad, publicó un libro “Yo, Díaz Serrano”, y no hizo denuncias concretas contra De la Madrid como si se hubiera signado un acuerdo soterrado entre sendos personajes. Nunca, en los años posteriores, afloró el rencor en Don Jorge ni hubo nadie que le convenciera de proceder judicialmente contra sus detractores: sin recursos patrimoniales, optó por vivir su segundo matrimonio con Doña Helvia Martínez, a quien los hijos del primero le negaron acceso al hospital en donde murió uno de los mayores conocedores de la potencialidad energética de México.
Así contada la historia parece hasta un tanto superficial, sobre todo por la actitud de los señores Bush quienes, de plano, no metieron el hombro por él acaso pensando que con ello podría descubrirse la trama de los orígenes del poderío gregario. Sin embargo, la misma demuestra cómo se puede usar a las personas cuando se trata de consolidar relaciones, sobre todo internacionales, con muy buenos dividendos... personales.
De la Madrid, por cierto, presumía de haber crecido “hacia dentro” a diferencia de su antecesor, López Portillo, quien con el menor descaro se apropió de un cerro en Cuajimalpa para edificar tres mansiones gracias a los buenos oficios –y al dinero- de Carlos Hank González, su mecenas hasta el final de sus días. Miguel, en cambio, siguió viviendo en su casa de Coyoacán... pero adquiriendo todos los lotes y casas de su manzana simplemente alargando las bardas y puertas sin llamar la atención. De allí la jocosa expresión que pinta de cuerpo entero a los actores de la vida pública. Luego, con su designación como director del Fondo de Cultura Económica –cargo en el que se mantuvo dos sexenios hasta la victoria del PAN en 2000-, pudo lograrse que se alejara de los nostálgicos y degradantes humos del alcohol gracias a la intervención clave de su esposa, Paloma Cordero, quien clamó para su marido un destino digno... como antes lo hiciera, ante Juárez, la célebre princesa Salm solicitando la vida de Maximiliano, pero, ¿cuál fue la verdadera razón del poco interés del clan estadounidense en quien fue su socio y consejero? ¿Por qué le abandonaron a su suerte? ¿Acaso existían cuestiones que posibilitaban a un hombre leal, como lo fue Díaz Serrano, actuar en consecuencia y exhibir una trama perversa contra México? Nunca, insisto, Don Jorge quiso hablar de ello y se llevó el misterio a la tumba. De cualquier manera las huellas de cuanto sucedió están todavía demasiado frescas y sería casi obligatorio, para los historiadores e investigadores de los regímenes autonombrados como los “del cambio” proceder a resolver los enigmas, que son muchos, alrededor de aquella empresa y aquella sociedad en donde pueden anidar varias de las razones sobre lo sucedido después, incluyendo el asesinato de Luis Donaldo Colosio en 1994, en el año de la barbarie del salinato trágico que substituyó al periodo delamadridiano.
Naturalmente, por lo anterior se entiende que uno de los ingredientes más eficaces para mantener la ignorancia es extender, mediante secretos como el reseñado, la amnesia colectiva. Que se aplique la medicina del tiempo –como sugería el neoleonés Alfonso Martínez Domínguez-, para que los mexicanos ignoren cuanto se realiza, de verdad, en la cúpula del poder sin que siquiera nos enteremos. Con estas cartas se juega a la política.
Debate
Una historia reciente confirma los arreglos soterrados entre la clase privilegiada por los perentorios usos del poder en México. No importan alternancias ni partidos ni emblemas. Las tendencias son las mismas. Veamos.
1.- Desde su arranque como mandatario, Felipe Calderón privilegió al joven Juan Camilo Mouriño Terrazo, afincado en Campeche, pero nacido en Madrid y de origen gallego. El centro de las actividades del clan multimillonario, por cierto gracias a las jugosas concesiones de Pemex –aprovecho la ocasión para aclarar que ninguno de los miembros de mi familia directa tienen vínculo alguno, ni siquiera amistoso, con otros Loret de Mola beneficiados por la misma empresa y negocios colaterales incluyendo a los Mouriño-, se ubicó en los litorales del Golfo aun cuando los padres del ex ministro de Gobernación no dejaran de mirar con pasión a sus rincones gregarios en Vigo, la ciudad de sus orígenes, en los límites entre España y Portugal.
2.- El padre de Mouriño, Carlos, se convirtió en el principal puente para atraer inversiones hispanas a México a favor de la presunta candidatura presidencial de su hijo que no pudo ser por el desgraciado “accidente” de noviembre de 2008. En Madrid, por ejemplo, se saludó la designación de Juan Camilo como secretario de Gobernación en los siguientes términos: “Un Gallego Ocupa la Vicepresidencia de México” –Véase el archivo de ABC de enero de 2008-.
3.- Entre las aficiones de los Mouriño el futbol destaca. Y por ello adquirieron la propiedad del conocido Celta de Vigo, entonces en primera división de la liga española, cuando se debatía en el mal proceloso de la mediocridad.
4.- Con motivo de la asunción presidencial de Mariano Rajoy, gallego y de derecha, de formación franquista –el “caudillo” nació en El Ferrol, muy cerca de la Coruña-, pudo conocerse que es “socio” del Real Madrid desde hace veinticinco años –esto es porque tiene abonos fijos que renueva anualmente-, pero su corazón –y parte de su dinero- está en el Celta de Vigo del cual es accionista principal, lo que le liga, de manera irremisible, a los Mouriño “mexicanos” cuyo destino se truncó dramáticamente hace poco más de tres años, aunque la familia no perdiera dividendos ni patrimonios.
A la muerte de Mouriño, se negociaba una importante participación de Pemex en la española Repsol, cuyas acciones se precipitaron al vacío tras el desgraciado “accidente aéreo”. De inmediato Calderón viajó a Europa para encontrarse, lejos de los reflectores, con algunos de los principales de la estadounidense Shell, aparentemente para blindar –su adjetivo característico-, su futuro y no sólo el político. No es el fin de la historia.
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