NICOLÁS ERA EL GATO MÁS malvado que hombre o mujer alguna hubiesen visto.

NEGRO COMO LA NOCHE… MALA suerte que andaba por las calles como amenaza cierta.

A LA TÍA MACRINA LE ACABÓ una camada completita de pollos.

LOS ALMORZÓ TRANQUILAMENTE UN DOMINGO mientras andaba toda la familia en la misa dominical de los mormones.

GÜALENCHE DICE QUE LOS VIO…

“SE COMÍA UNO, Y LUEGO iba por otro, con mucha tranquilidad…

yo le gritaba, ¡ucha gato!, para asustarlo, pero ni me miró”.

NO PUDE ENTRAR AL PATIO porque la tía Macrina le ponía candados por causa de los robapollos, que no eran pocos… pero ninguno tan letal como Nicolás.

ESE NOMBRE TENÍA CUANDO ERA un minino casero que jugaba con bolas de estambre, pero se escapó voluntariamente de la casa de don Galdino.

Y DESDE ENTONCES SE DEDICÓ A LA MALDAD…

VANOS FUERON LOS ESFUERZOS POR reformarlo; le poníamos platitos de leche a la puerta de las casas, y amanecían volteados.

OLÍA LAS GALLETAS QUE LE LANZÁBAMOS en oferta de amistad, pero se iba después, con la cola esponjada.

DESPUÉS DE TRAGARSE LOS POLLOS comenzó la cacería de Nicolás… dos mangos petacones maduritos fue la recompensa ofrecida a cambio de traer su zalea hasta casa de tía Macrina.

LE BUSCAMOS POR LAS AZOTEAS… por los callejones, y de repente su maullido llamaba la atención desde la copa de un árbol…

NO ERA UN RETO, MÁS BIEN UNA BURLA; era demasiado inteligente para nosotros.

PERO SUS FECHORÍAS NO CESARON.

A CASA DE DOÑA VIANEY SE METIÓ para hacer destrozos en la alacena; se comió lo que tenía en unas viandas, rompió paquetes de harina, abrió bolsas de frijol y de arroz; y para que no quedara duda de quién era el responsable, defecó en medio de la estancia.

SÍ, NICOLÁS ESTABA DECIDIDO A SER EL AZOTE…

¿POR QUÉ?… POR PURA DIVERSIÓN, SUPONGO, porque después de todo había sido un gatito mimado… un gato bien alimentado al que nunca le faltó cariño.

ES QUE HAY GATOS A LOS QUE les falta la aventura… a los que les aburre la vida resuelta, y pretenden complicarla para tener siempre algo por resolver.

ASÍ ERA NICOLÁS…

ASÍ FUE HASTA QUE UNA NOCHE, NO SÉ CÓMO, una centella cruzó envuelta en fuego a la casa de María la puerquera.

“¡AVE MARÍA PURÍSIMA, EL DIABLO!”… gritó la negra…

NO ERA EL DIABLO ERA NICOLÁS, A QUIEN FARINO, el negrito que vendía tamales, lo encontró dormitando en el agujero de tlacuache que estaba detrás de la casa de don Chanito.

SIN ESPERAR A QUE DESPERTARA, le prendió un cuete de arranque en la cola y se lo encendió.

EL CUETE NO SE ELEVÓ… Nicolás pretendió correr y se convirtió en una especie de gato flotante envuelto en llamas.

¿EN DÓNDE TERMINÓ EL NICOLÁS? EL CUETE ESTALLÓ RUMBO A LOS AGUACATES de El Chino Ortegón… pero no encontramos la zalea de Nicolás.

¿SE LIBRARÍA? AUNQUE EN REALIDAD QUERÍAMOS ACABAR con él, pretendimos que sí… que había escapado, porque la vida sin esa clase de adversarios no sabe igual.

PARA SER MEJORES, TODOS NECESITAMOS un Nicolás… ya sea que exista, o nos lo inventemos.

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