La alternativa a ser responsable es sumirse en una espiral de explicaciones, justificaciones, y lo peor, sentimientos de culpa, impotencia, venganza, ira, etcétera, en fin, emociones poco constructivas. Pero las buenas noticias es que al aceptar la responsabilidad, dejamos de buscar pretextos y comenzamos a buscar soluciones.
Se trata de preguntarse y contestar: “¿Qué es lo que quiero?” Volviendo al ejemplo, una respuesta mediocre sería: “Un trabajo, el que sea”. Hay que responder con mayor profundidad, conectando el corazón con la mente: ¿Qué es lo que realmente quiero?
De forma más amplia, enfocando la imaginación podemos decidir:
¿Qué proyecto inconcluso me gustaría retomar? ¿Qué sueño de la juventud deseo perseguir? ¿Qué pasatiempo quiero realizar? ¿En qué me gustaría trabajar? ¿Qué negocio me encantaría iniciar? ¿Cómo quiero que sean mis relaciones interpersonales? ¿Dónde quiero vivir? ¿Qué clase de persona quiero ser?
Céntrate en uno de estos aspectos incluyendo tu vida espiritual, emocional, financiera, intelectual y define un proyecto o idea que te gustaría concretar –no, corrijo– algo que te encantaría concretar. Hoy no te preocupes sobre el cómo, simplemente define el qué. Y ojo con los siguientes pensamientos, que sólo son creencias falsas que te pueden limitar:
Hay que esperar al final de la vida para tener todo lo que quiero. Hay que sufrir para ser feliz. Tengo que trabajar, sacrificando “todo” si quiero lograr “algo” en la vida. El éxito me convertirá en mala persona. El tener más me hará perder mis amistades. Cómo puedo ser yo feliz si mis amistades y familiares están para llorar.
No te dejes convencer por estas ideas falsas, recuerda que ya eres digno, digna, para recibir toda clase de bendiciones. Tienes el permiso divino para buscar tu felicidad, y la de los tuyos. No te limites al pedir, al imaginar lo qué quieres.
De nuevo la pregunta es: ¿qué quieres? Usa este día para imaginar qué proyecto, sueño, cambio o idea en general te gustaría cristalizar en tu vida. Recuerda que hasta el proyecto más grande, por imposible que parezca, comienza como un sólo pensamiento. ¿Cuál es ese pensamiento? ¿Te atreves a imaginarlo? Hay muy pocas cosas en la vida que valiendo la pena son fáciles de alcanzar. Una vez que defines claramente lo que quieres, y te emocionas al hacerlo, en el interior comienzan a ebullir nuevas ideas, emociones, posibilidades, para crear algo hermoso, algo magnífico, algo digno de ti.
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