Vínculo de profesionistas
Víctor Burciaga Bahena
http://www.trascender.org.mx

Entre 1940 y 1950 la realidad social en torno a la desigualdad era muy marcada, la sociedad mexicana en su mayoría se clasificaba sólo en pobres y ricos, tan es así que se plasmó en la denominada época de oro del cine mexicano con películas como “Nosotros los Pobres (1947)”, “Ustedes los Ricos (1948)”, “Un Rincón Cerca del Cielo (1952)” y un sinnúmero de títulos en esos años en que el cine en México era un gran negocio.

Sin embargo, su temática generalmente era muy parecida; mediante imágenes y cuadros crudos, dramáticos, se mostraba al mundo la situación en que se vivía en aquel tiempo; sin clase media, o se era pobre o se era rico.

Ya con el desarrollo del país, la llegada de más empresas, de mercados más amplios y variados, la exportación de productos y servicios al extranjero, México entró en la etapa de la clase media, donde ya no era tanto el extremo entre los más y los menos afortunados; y curiosamente aunado a eso vino también la decadencia de esa industria que otrora enseñó al mundo que en México había talento, que la gente sufre y a lo grande, así como también había los que disfrutaban y como reyes.

De ninguna manera lo anterior pretendo se tome como una crítica al cine mexicano, más bien analicémoslo como una muy breve lección de historia y una comparación con las circunstancias actuales.

Pareciera que nos encontramos en retroceso a esos tiempos. Actualmente la gente con mayores recursos de alguna manera ha logrado mantenerse, incluso crecer con la crisis, los más marginados duplican su condición al grado de llegar a ser paupérrimos; y quienes estamos en medio, la clase media, la clase gris, los ni pobres ni ricos, desde mi concepción personal, los únicos que cumplimos con nuestras obligaciones, entre ellas pagar impuestos, ya que los de clase alta, generalmente con el caudal suficiente, contratan contadores y abogados que con artificios encuentran en la ley maneras de deducir, eludir y en general pagar menos.

Para la clase baja su situación es tan difícil que no alcanzan a estar en posición de tener ganancias sujetas a impuestos o la contratación y/o compra de productos o servicios sujetos a gravámenes fiscales.

Y en medio de ellos estamos los de clase media, los que no caemos en ninguno de los dos supuestos anteriores, quisiera decir los más golpeados por la crisis, pero en comparación con los de clase baja me es imposible afirmarlo.

Es más notorio cada día que las personas pierden su empleo y esto genera una cadena de movilidad social; quiero decir, alguien que ya perdió el sustento mientras encuentra otro trabajo recurre a lo que sea para cumplir con los compromisos y obligaciones previamente adquiridos; prácticas como el empeño de muebles, los tan perjudiciales préstamos personales, la venta de vehículos, etcétera.

Y lo que esto denota en general es cómo la clase media está amenazada por el alza de los precios, por la pérdida de empleos y por mil razones que nos afectan a todos.

Cada vez las personas nos estamos pareciendo en las situaciones que nos tocan vivir a ese cine mexicano de hace más de medio siglo, que tuvo mucho éxito porque reflejaba el sentir de todo el pueblo mexicano, esas películas que llevaron a la inmortalidad a Pedro Infante.

En épocas decembrinas donde durante años nos acostumbraron a que se trataba de una época de abundancia, de tenerlo y quererlo todo, y que entre más cosas materiales recibamos, más feliz es la temporada.

Sin embargo, esta vez será diferente, tendremos que luchar primero con uno mismo para erradicar la idea que la Navidad es comprar y son cosas; para contagiar lo anterior a los pequeños, que son bombardeados por comerciales en todos los medios de comunicación.

Eduquemos a niños mucho mejores de lo que nosotros hemos sido; si nos es posible hay que buscarles un presente para darles alegría; pero nunca volver a la costumbre de que los regalos son la cumbre y el clímax de la Navidad, el momento tan ansiado que las horas previas a eso transcurren tan lento.

Este año, no; este año lo más importante es que usted y su familia estén unidos, no sólo juntos, compartiendo una cena, sea pavo, sea pato, sean tamales, sean frijoles; atesorarlo más que cualquier cosa material, ya que ninguna cosa, por más cara, espectacular, glamorosa y bella que parezca no se le compara a una hora de verdaderamente estar en cuerpo y alma con los tuyos.

Quitémonos de una vez por todas esas imágenes de Pedro Infante en sus filmes citados al principio de este artículo donde la Navidad triste es la precaria, la verdadera Navidad triste es aquella en la que todos reciben regalos lujosos, pero tan vacía que no se dan cuenta de que al cabo del tiempo esas cosas se deteriorarán, perecerán y serán reemplazadas por otras, lo que importa realmente es el vínculo y lo que puedas dar y compartir con las personas.

La amabilidad y generosidad no son para los que más tienen, ya que es el tiempo por el que vivimos y morimos, y ese tiempo es el que será más provechoso dedicarlo a compartir a quienes no se podrá reemplazar como lo hacemos con las cosas; a brindarlo, en bien de nosotros, nuestras familias, quienes lo necesitan; un abrazo, una palabra de aliento, algo que haga al otro darse cuenta que no está ni estará solo; a usted y a los suyos, de corazón, le deseo ¡FELICES FIESTAS!