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Juan Latapí
Juan Latapí
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20 Septiembre 2015 03:10:35
Nuca antes como ahora
NUNCA ANTES COMO AHORA NUESTRA desconfianza en lo establecido ha llegado al borde del límite. Un día sí y el otro también las versiones oficiales tratan inútilmente de convencer a una multitud de incrédulos cada vez mayor.

POR NATURALEZA TENEMOS LA NECESIDAD de creer en algo. Una mente primitiva y limitada suele creer en supersticiones y puede ser fácilmente influenciada ante lo que escucha y ve, por ello rara vez se atreve a cuestionar. Por otro lado, conforme se adquiere mayor información y conocimiento, la capacidad de cuestionar y analizar permite acercarse a la verdad.

PERO NOS HAN MENTIDO Y engañado tantas veces que ya no le creemos al Gobierno, ni a los medios de comunicación, ni a la Iglesia. Por ejemplo, resulta increíble que a un año de distancia no se sepa aún qué pasó con los normalistas desaparecidos y ni a quién creerle.

POCOS SON QUIENES CREEN EN las versiones oficiales y mientras todos opinamos y descalificamos, sólo tenemos nuestra propia versión de los hechos. Y lo más sorprendente es que si algún día el Gobierno llegara a encontrar y divulgar la verdad, prácticamente ya nadie le creerá.

ANTE LA FALTA DE VERACIDAD las versiones oficiales son sustituidas por las versiones de cada quien. Hay una enorme ristra de ejemplos recientes de incredulidad en el ámbito nacional, desde la matanza de Tlatelolco, la cantidad de víctimas del sismo del 85, la caída del sistema en el 86, el asesinato de Colosio, el fraude del 2006, la guerra contra el narco, hasta los recientes sucesos de sangre en Guerrero y Michoacán. Nadie cree en los comunicados oficiales, ni en los diputados y ni que el fracking es inocuo.

EN EL ÁMBITO ESTATAL POCOS creen en la versión oficial de la mega deuda, ni tampoco en el argumento de que la nueva ley anti taurina obedece por el bienestar de los toros. Tampoco son creíbles las declaraciones oficiales sobre el desempeño de las fuerzas del orden público.

A NIVEL LOCAL TAMBIÉN LA incredulidad está presente en los argumentos para clausurar una frutería o en la justificación de la construcción del mentado par vial.

LA REPETICIÓN DE VERDADES A medias y la poca eficiencia en la comunicación de las autoridades ocasionan que aunque puedan tener la razón y argumentar la verdad, ya no están exentas de incredulidad.

LA INCREDULIDAD HOY EN DÍA se ha desbordado debido principalmente a la creciente cantidad de información que recibimos constantemente de diferentes fuentes.

La expansión de las redes sociales ha facilitado enormemente la posibilidad para que cualquiera pueda opinar lo que quiera, con o sin conocimiento de causa y sin aparente censura.

AUNQUE POR UN LADO TENER mayor acceso a distinta información nos ha permitido dejar de creer ciegamente en los medios de comunicación oficialistas, el bombardeo informativo en vez de facilitar el acceso a información confiable, se queda en lo frívolo y meramente anecdótico. Esta apertura ha canalizado el hartazgo y la frustración en la práctica de un linchamiento feroz.

ANTE CUALQUIER CHISME O RUMOR el linchamiento cotidiano se enciende para descalificar e insultar a quien se ponga en la mira. Ahí tenemos el caso de Carmen Salinas donde el racismo social la tacha de naca y vulgar, y quienes la señalan son los mismos que admiran a Brozo, Adal Ramones y a todos esos cómicos tan vulgares o más que ella, quien al menos es auténtica y no niega su origen.

No tardan en empezar a linchar también a Cuauhtémoc Blanco. PERO ESTOS MODERNOS INQUISIDORES, QUE además de ser todos unos perdonavidas y todólogos, suelen ser bastante ignorantes. Como muestra tenemos la reciente encuesta realizada por Parametría en la que dio a conocer que el 51 por ciento de los mexicanos desconoce que México se independizó de España y el 13 por ciento cree que lo hizo de EU. O como el locutor de la TV local quien dijo que se escogió Frontera para el evento oficial del desfile del 16 de septiembre debido a la importancia del ferrocarril de esta ciudad.

HEMOS LLEGADO AL PUNTO DONDE la falta de cuestionamiento con fundamento y la credibilidad en el rumor fácil y barato nos han atomizado como sociedad y lo peor de todo es que las autoridades, tanto federales, estatales y municipales, que se supone elegimos para conducir nuestros destinos, cada vez nos escuchan menos y solo se escuchan a ellas mismas.

NUESTRA CREDIBILIDAD SE HA IDO diluyendo junto con la confianza y mientras como sociedad civil no actuemos, unos cuantos –políticos, empresarios y sinvergüenzas- seguirán al amparo de la corrupción e impunidad haciendo lo que quieren, sin importarles que cada vez les creamos menos. Les vale.

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