Rodrigo Borja, en su “Enciclopedia de la Política”, asienta que los partidos se han convertido en los sujetos principales de la acción política de la sociedad, una vez que se ha desplazado el centro de gravedad política de los individuos a los grupos organizados. Los partidos, dice Borja, “están llamados a desempeñar el papel de custodios de la estabilidad política y del respeto a las normas democráticas que deben regir la convivencia social”. Más adelante agrega que un partido político debe reunir tres elementos fundamentales: una ideología política, un plan de gobierno y una organización permanente establecida a escala nacional.

Quienes andamos de tiempo atrás en esto de la política, sabemos que el objetivo de un partido es la lucha por el poder político a efecto de que, una vez conquistado, el gobierno establecido se organice, funcione y se esfuerce por orientar sus estrategias y acciones hacia la consecución de los principios que conforman su plataforma ideológica.

Cuando la lucha de un partido se da desde la oposición, su tarea consistirá en vigilar que el Gobierno se preocupe por el imperio de la libertad y la justicia, por mantener incólume la independencia y la soberanía nacional, por impulsar el crecimiento económico y un mejor bienestar para todos, sin distinción política o de credo religioso. De no ser así, la obligación del partido o de los partidos de oposición es presionar hasta que el gobierno se ajuste a tales paradigmas.

Mientras no lo haga, la oposición habrá de encauzar su ofensiva por la vía de la crítica y el enfrentamiento.

Este recurso de censura corresponde a una de las funciones de los partidos de oposición: la expresión abierta de sus críticas, la formación de una fuerte corriente de opinión y la movilización popular.

Estas elucubraciones vienen al caso con motivo de la Toma de Protesta del profesor Humberto Moreira y de la licenciada Cristina Díaz como Presidente y Secretaria General del Partido Revolucionario Institucional, ceremonia que se llevó a cabo en Querétaro, en el marco de la celebración del 82 aniversario del PRI, que bajo el impulso del General Plutarco Elías Calles se fundó en 1929 y del que fue primer presidente el también general e ingeniero Manuel Pérez Treviño, coahuilense.

El discurso de Moreira fue impecable. Se posicionó como líder de una nueva generación que a fuerza de talento y empuje se va abriendo paso, y cuya decisión y enjundia le auguran mejores tiempos al partido y al país. Como presidente de un partido opositor, fue contundente en su crítica: “El Gobierno actúa hacia el exterior con incongruencia e impericia, y hacia el interior ha extraviado el rumbo”. Y agregó: “Pese a algunas cuentas alegres y promesas olvidadas, el empleo está rezagado y las oportunidades son insuficientes… los salarios han sido superados peligrosamente por los precios y se han multiplicado los jóvenes que no encuentran lugar en el estudio ni en el trabajo”.

A las alianzas entre partidos ideológicamente polarizados pero hermanados “en su obstinación de frenar lo inevitable, el avance del PRI”, las llamó alianzas impúdicas, agregando que, en cambio, las del PRI serán con “los sectores productivos para propiciar la inversión y revertir el agravamiento de la pobreza y la marginación social, así como para apoyar a jóvenes y mujeres”.

A quienes machaconamente insisten en el peligro que representa el retorno del viejo PRI, señaló que los que realmente quieren volver al pasado son “los conservadores que defienden privilegios y atentan contra el Estado laico, y los nostálgicos del populismo que impulsan subsidios irracionales e insostenibles”.

El discurso fue muy puntual en su contenido programático. Un verdadero aliento para quienes anhelamos un gobierno más responsable, más eficiente y menos sectario. Hay que retomar el rumbo del ascenso económico y social diseñando políticas públicas eficaces. Impecablemente planteó la necesidad de conformar un “Estado que sepa respetar el mercado, pero que también sepa corregir sus limitaciones y excesos”.

No hay democracia sin partidos políticos, ni partidos políticos eficaces sin líderes honestamente comprometidos con sus principios. Moreira ha dado muestras de congruencia ideológica, talento y habilidad operativa. Del norte llegan nuevos aires de renovación política. Que sea para bien de México.