Estamos a unos cuantos días de celebrar la Navidad; unos cuantos días para celebrar en familia el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. Acontecimiento que marcó una nueva era para la humanidad.

época de felicitaciones, de buenos deseos, de convivencia, de dar y recibir amor. Oportunidad de revivir los bellos recuerdos con nuestros seres queridos; traer al presente las reuniones en la casa de los abuelos, de nuestros padres.
Afianzar los lazos de amistad con personas que frecuentamos y de unión en las familias. Compartir instantes que se vuelven irrepetibles, pero que dejan huella.

Navidad es el tiempo de celebrar un gran acontecimiento y de dar y recibir regalos, sin olvidar que la humanidad hace poco más de dos mil años recibió un maravilloso regalo de Dios en el nacimiento de Jesús, su Hijo amado.

Por ello, es importante no olvidar colocar en casa nuestro nacimiento o belén y darle la bienvenida una vez más al Niñito Jesús; recibirlo con alegría porque viene a formar parte de nuestra familia, de cada familia.

Recibámoslo con el júbilo que significa la llegada de un bebé; así debe ser cada Nochebuena. Ese día renace en nosotros la oportunidad de ser mejores; es una invitación a la reflexión personal de lo que logramos, de lo que dejamos de hacer, de retomar todo lo bueno que dejamos escapar.

La humanidad entera está viviendo tiempos difíciles, verdaderamente difíciles, terribles, donde pareciera que el mal va imponiéndose sobre el bien.

La maldad existe, de eso no hay duda; sin embargo, hay más bondad en el mundo que gente mala.

Cómo no creer firmemente en la bondad de las personas, si observamos que cuando ocurre un siniestro ahí está la solidaridad presente tendiendo puentes para hacer llegar la ayuda. No importa cuán alejado se esté; sin conocer a aquellos que sufren por causa de una tragedia, ahí están las manos de voluntarios dispuestos a sacrificar su tiempo para dedicarlo a apoyar a otros en desgracia.

El amor no conoce fronteras; se manifiesta de mil maneras, día a día, minuto a minuto.

Cómo no creer en la generosidad del ser humano si cuando hay alguien a quien aqueja una grave enfermedad, se unen esfuerzos para brindar ayuda a quien lo requiere. El sufrimiento de unos llega al corazón de muchos porque el amor es más fuerte que otro sentimiento que denigra a la raza humana.

Cómo no creer en el ser humano si todavía hay quienes, a pesar de su propia tragedia, se preocupan por los demás y son capaces de dar consuelo a otros en circunstancias adversas.

Dios confía en nosotros, en sus hijos, a pesar de todo. Ello significa que nos ama y nos brinda día a día una nueva oportunidad. Esa oportunidad que debemos aprovechar porque realmente la necesitamos.

Dios no nos abandona nunca, en ningún momento, pero debemos tenerlo presente en nuestra mente y en nuestro corazón. Debemos retomar todo aquello que nos ha sostenido, aquello que nos da fortaleza y desterrar lo que nos puede dañar.

Nunca dejemos de amar, porque el amor es el sentimiento que estará por encima de rencores, de odios, de frivolidades. El amor logrará unir, dará valor. Nuestra fe en Dios hará posible que no nos derrumbemos ante la adversidad porque El siempre nos ofrecerá su mano para no dejarnos caer.

Dios es amor; esa frase la escuchaba de mis abuelas y de mi madre y yo estoy convencida de ella porque Él sólo nos envía bendiciones. Él sólo nos ofrece cosas buenas y desea lo mejor para nosotros y eso sólo lo da quien ama realmente.

Esta navidad demos gracias a Dios por todas las bendiciones recibidas; demos gracias por permitirnos llegar a esa celebración especial; pidamos por aquellos que sufren en cualquier lugar, que pasan hambre o que se enfrentan a la injusticia de los hombres cuyo corazón se ha endurecido por el odio o la venganza. Pidamos por los gobernantes de todas las naciones porque luchen por la paz y no promuevan la guerra.

Nuestro país está sufriendo la decadencia propiciada por la corrupción desde las altas esferas que ha otorgado impunidad a criminales. Los ciudadanos estamos viviendo la peor pesadilla jamás imaginada. Nadie escapa ya a la ola criminal que se ha desatado y que está fuera de control.

Por ello es necesario hoy más que nunca, no olvidar en dar amor; manifestar ese noble sentimiento con palabras o con detalles, pero no callarlo; disfrutemos cada instante de nuestra existencia con nuestros seres queridos.

La navidad es un gran acontecimiento para celebrar en familia; démosle el verdadero sentido a esta celebración y demos gracias a Dios por todas las bendiciones recibidas y ofrezcamos abrigo o pan a quien no lo tiene; no olvidemos pedir por aquellos seres cuyo corazón se ha endurecido y ha alejado a Dios de ellos.

Por mi parte les deseo a todos ustedes una feliz Navidad y que el próximo año traiga paz y tranquilidad a todos los hogares. Dios los bendiga.

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