Los pronósticos de estos “sabelotodo” en cuestiones económicas son una realidad desde diciembre del 2009, extraña que en sus entrevistas y programas de radio y televisión, igual que en publicaciones en medios impresos, recalquen la palabra pronósticos como si fuese algo que bien puede o no ocurrir, también como si se tratara de una adivinanza sobre el futuro económico de los millones de mexicanos.
Es un hecho que esos “analistas” económicos, como buenos economistas, con la dispensa de la redundancia, siempre andan mal con sus predicciones o adivinanzas futuras.
Antes de terminar el 2009, los mexicanos comenzaron a sufrir en carne propia que el 2010 será, recalcamos, es un hecho, difícil y duro.
Pronóstico fuera si los analistas económicos informaran que hay esperanzas de que el 2010 no será cruel y sanguinario para los que medianamente y nada tienen, porque para los poseedores de riquezas normales y grandes y exageradas exigencias, simple y sencillamente ganarán menos, pero no dejarán de comer ni tampoco darse lujos y gustos.
El incremento del 15 al 16 por ciento en el Impuesto al Valor Agregado no sólo se reflejará en la compra de un producto, sino hasta los que no adquieran nada y tienen que pagar su tarjeta de crédito o las compras que a plazos hizo en el 2009, pues tendrán que incluir en su ya mermado ingreso mensual, un uno por ciento, además de los intereses normales, en los moratorios, en los recargos, en las comisiones y otros conceptos que conllevan el hacer uso del llamado dinero de plástico.
Además no hay ciudad del país en donde se detenga alza alguna en las tarifas del transporte público urbano y en el foráneo, igualmente en los consumos de los tres aumentos continuos y que en poco tiempo aplicó el Gobierno federal panista por disposición y orden de Felipe Calderón, quien prometió en campaña un “mejor nivel de vida” y mucho trabajo para los mexicanos. Sí, Chuy, ¿y luego?
En Coahuila, al menos es lo que logramos vivir y ser testigos, desde diciembre con el pretexto de que hubo dinero por la entrega del aguinaldo o gratificación navideña, sobraron los comercios que elevaron sus precios, los taxis no se diga, de la cuota mínima que tienen de 20 pesos en el primer cuadro de la ciudad, subieron a 25 y 30, según el cliente era la pedrada, en el caso del impuesto predial, los alcaldes tienen mucha razón en aseverar que no se elevó el porcentaje de la tasa del tradicional impuesto, pero en cambio se dejaron caer con la dizque actualización de los valores catastrales, donde no se aplicó el criterio tan cacareado de aquellos terrenos baldíos y urbanizados que tenían valor catastral como si fuesen terrenos en la periferia y construcciones del parámetro de interés social.
Los precios de las tortillas y el pan estuvieron fluctuando con diferente aumento desde diciembre y como ya nada tiene precio oficial o controlado, pues los comerciantes según el ramo aplican a su discreción que generalmente es siempre para arriba.
En fin, mienten quienes hablan de pronósticos, porque los mexicanos y en el caso de los coahuilenses estamos viviendo una inflación real y no se trata de adivinanza alguna de que a lo mejor sube o no el costo de la vida, sino que ya lo sufre la población. En resumen, la inflación del 4.75 que “pronostican los analistas” es igualmente toda una falacia y si no, tiempo al tiempo. (http://www.intersip.com.mx)
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