×
Rodolfo Naró
Rodolfo Naró
ver +
Rodolfo Naró, nació en Tequila, Jalisco, el 22 de abril de 1967. Es autor de varios libros de poesía, casi todos reunidos en la antología Lo que dejó tu adiós (2016), así como de las novelas El orden infinito (2007), finalista del Premio Planeta Argentina 2006, Cállate niña (2011) y Un corazón para Eva (2017). Twitter: @RNaro

" Comentar Imprimir
13 Octubre 2017 04:00:00
Olvidados de Dios
Mi madre alguna vez me dijo que a los pájaros, Dios les da de comer. Desde entonces me he fijado que siempre hay alguien que les arroja morusas de pan, maíz o alpiste.

La semana pasada, con mi libro Lo que Dejó tu Adiós, recorrí varios pueblos de Hidalgo. En Tlaxcoapan comí su típica barbacoa de borrego, en Tula visité su zona arqueológica eregida en el siglo 7 por los toltecas, en Tlahuelilpan pasé por su fería patronal, la de san Francisco de Asis, y en Tetepango leí en la antigua Capilla de los Desahuciados. En todos estos sitios me encontré a cada paso perros callejeros, no muy distintos de otros pueblos de Morelos, Jalisco o Coahuila.

En plazas, mercados y calles y hasta a la sombra de las pirámides de Tula había perros famélicos, de mirada triste y asustada, de ralo pelaje y ardidos por la sarna. Perras de ubres crecidas y de andar cansado. Perros de todos los tamaños y colores: negros, güeros, pintos, blancos. Perros tan ariscos que ya no buscaban una caricia, mucho menos un trozo de pan.

México es el país con más perros callejeros de Latioamérica, unos 25 millones, de los cuales, 10 viven en la Ciudad de México. Muchos nacieron en las calles, pero la mayoría, 70%, fueron abandonados y están sentenciados a muerte, por hambre, enfermedades o atropellamiento. Y los que llegan a alguno de los 20 antirrábicos de la ciudad, atrapados por la “perrera” o llevados por sus dueños, morirán electrocutados.

El mes pasado, con el sismo que nos sacudió hasta las pulgas, nos maravillamos con la perra Frida, una labrador de 6 años que nos conquistó con sus gogles, su chaleco de la Marina y sus botitas. Frida se convirtió en un símbolo. A lo largo de su carrera ha rescatado a 52 personas con vida en distintos desastres. Sus compañeros Eco y Evil, pastores belgas, también hicieron lo suyo entre las ruinas: olfateaban y ladradraban sin descanso al encontrar un cuerpo.

Los perros rescatistas del Ejército son adiestrados para captar olores humanos como la transpiración, el olor a hueso quemado o la putrefacción. Las mejores razas para esta labor son el pastor alemán, el labrador, el golden retriever y el pastor belga. Razas no muy distintas de tantos perros que he visto vagabundeando por las calles y caminos de México. Ellos no son como los pájaros, son los olvidados de Dios. Todos los miran y pocos los ayudan. Al parecer, nadie les da de comer, al contrario, una patada y un “sáquese perro” los vuelve de nuevo a la profundidad de las sombras.

" Comentar Imprimir


COMENTARIOS


columnistas

top-add