Para regresar al Coahuila tranquilo que todo el mundo anhela y cumplir la sentencia “de la seguridad me encargo yo”, Rubén Moreira ofrece incrementar la fuerza pública en cantidad y calidad, en coordinación con la Secretaría de Seguridad Pública, con cuyo titular, Genaro García Luna, ya se ha reunido varias veces. El esfuerzo —dijo— impone “medidas que quizá no sean populares”, pero sí inaplazables pues debe inculcarse en todos los sectores la cultura de la legalidad.

Habló entonces de la anarquía en la venta de bebidas embriagantes, la proliferación de casinos y denunció omisiones ruinosas para el estado: el relajamiento de las políticas recaudatorias y su contribución al delito: doscientos mil vehículos circulan sin placas en Coahuila (o con chapas expedidas, contra las constituciones local y federal, la Onapafa y la UCD).

La imagen del ex líder de la República Popular China, Mao Zedong, flotó de nuevo en el ambiente cuando Moreira dijo en su mensaje inaugural que Coahuila debía “dar un salto hacia delante”. China lo intentó hace medio siglo, pero una inadecuada planeación y un clima veleidoso convirtieron al brinco en retroceso.

A quienes asistieron a su primer mensaje, mas no a su toma de posesión en el Congreso, el Gobernador les informó que había rendido protesta con la mano izquierda, tal y como se acostumbra en el PRI de Coahuila. Lo hizo en presencia del secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, a quien ofreció colaborar con la administración del presidente Calderón.

Moreira, el ideólogo, el político de espíritu reformador, perfiló un gobierno humanista. Por ello la creación de una Subprocuraduría que se encargue de los desaparecidos —Fuerzas Unidas por nuestros Desaparecidos y Desaparecidas reclama la localización de más de doscientos coahuilenses— y el castigo a los funcionarios que violen los derechos humanos.

El discurso del nuevo Mandatario estuvo lleno de símbolos. Como la dedicatoria de su gobierno a dos figuras locales y dos nacionales:

1) Ignacio Cepeda Dávila, el gobernador que después de una desavenencia con el presidente Miguel Alemán, regresó a Coahuila a suicidarse. Mensaje al centralismo autoritario;
2) Elsa Hernández, esposa del gobernador José de Las Fuentes, eje de esa familia, como de la suya lo es la señora Evangelina Valdés de Moreira;
3) Lázaro Cárdenas, el presidente que introdujo en su programa de gobierno términos como “lucha de clases”, “socialización de México”, “agricultura comunal”; corporativizó al PRI y sepultó el maximato callista; y
4) Luis Donaldo Colosio, el candidato presidencial que se declaró “producto de la cultura del esfuerzo y no del privilegio” y fue asesinado en Tijuana cuando recién iniciaba su campaña.

También habló de sus lecturas de Vito Alessio Robles, del Partido Antirreleccionista, que en 1929 le disputó la gubernatura a Nazario Ortiz Garza, primer candidato del PRI (entonces PNR), mientras José Vasconcelos se enfrentaba a Pascual Ortiz Rubio por la Presidencia de la República. De Braulio Fernández Aguirre, el gobernador que tomaba el teléfono para decirle a tal o cual funcionario, con facturas en la mano, que había gastado mucho en teléfono o al rector de la Universidad de Coahuila que se había disparado el consumo de enseres, destacó “el afán de tener un Coahuila unido, con regiones en pleno desarrollo, con un gobierno ordenado y cercano a la gente”.

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