Paz Gutiérrez Cortina, diputada del Partido Acción Nacional, buscando guerra, presentó ante el pleno de la Cámara de Diputados la pasada semana, iniciativas de reforma a los artículos 309 y 310 a la Ley General de Salud, consistentes en la prohibición de informar a los menores de 14 años sobre el uso del condón, de colocar en los empaques de condones y en sus anuncios publicitarios, la leyenda: “La fidelidad a una pareja estable disminuye el riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual” y de que “la publicidad de preservativos no podrá establecer expresiones que puedan interpretarse como una protección 100 por ciento efectiva contra infecciones de transmisión sexual como: ‘sexo seguro’, ‘protección total’”.

Argumenta la ignorante diputada que: “En ningún caso el condón es 100 por ciento seguro para prevenir Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y su efectividad se reduce entre un 60 y 80 por ciento de acuerdo a la consistencia en su uso. Además de que existe una probabilidad de entre 12 y 35 por ciento de ruptura al momento de ser utilizado”, desconociendo evidentemente esa maravilla de condón hecho de poliuretano. En relación con la prevención del VIH, el texto de la iniciativa expone que con el uso del condón sólo hay una efectividad de entre 69 y 80% de no infección, utilizando argumentos que no podrá probar ni aun cuando se pusiera a estudiar en serio la cuestión. Aseguró que una de cada cinco personas que usan condón, puede adquirir el virus (quizá en una tienda especializada en virus de tal naturaleza) y que se ha comprobado que el VIH pasa por los poros del condón (de los que ella adquiere, seguramente) hasta en 33 por ciento. Y sobre los embarazos no deseados, la iniciativa subraya que el condón tiene un elevado número de fallas que alcanza hasta 50% de “inefectividad” en algunos casos.

Y la verdad es que lo anterior es una serie de disparates asesinos basados en argumentos muy lejanos a las comprobaciones científicas actuales. El argumento que usa ha sido esgrimido repetidas veces por la jerarquía católica, negándose a que el condón se promueva como un método que ofrece “sexo seguro”, y diciendo falsamente que las propias cifras “oficiales” le otorgan 85% de efectividad. Sin duda, el manejo de la cifra de la efectividad del condón es, además de ignorante, criminal por las consecuencias que pueda tener como arma de disuasión para los fieles que aún les creen.

El argumento de la inefectividad del condón se basa en una carta publicada en el diario Today el 4 de diciembre de 2004, por un individuo llamado Hui Keem Peng, afiliado al Catholic Medical Guild, que deformó groseramente las cifras de un estudio hecho en 2001 por el Instituto Nacional de la Salud de los Estados Unidos. En este estudio se demuestra que las posibilidades de adquirir VIH al emplear correcta y consistentemente los condones son de menos de 1% al tener 100 años de relaciones sexuales. Y el estudio ha sido debidamente replicado por otras instancias con resultados semejantes.

¿Por qué tienen que deformar las cifras estas personas? Porque la realidad no les ofrece datos para apoyarse y para justificarse tienen que inventarlos. Es triste el papel de quien deforma la realidad, pero más triste es el de quien se lo cree. Y aun será más si los diputados apoyan una reforma que no solamente es retrógrada, sino que va en contra de los acuerdos internacionales firmados por nuestro país y contra de las líneas más racionales de protección contra las ETS.

¿Por qué será que la Iglesia católica se niega rotundamente a permitir a sus fieles el uso de los condones?

Dice el libro de Ksawery Knotz: “Sexo como Dios Manda”, muy mal llamado “El kamasutra católico” que: “El acuerdo para usar preservativo es ya una transgresión del límite del cuerpo humano… Los esposos se deciden construir entre sí una barrera exterior, artificial, (que) imposibilita el pleno encuentro de las personas y la real comunión de los cuerpos, el preservativo molesta, priva de una intimidad plena, impide permanecer más tiempo juntos en un abrazo de amor”. Es triste pensar que para una pareja católica una pequeña porción de látex sea la razón de que los corazones no puedan latir juntos y desbordados en ese momento maravilloso de la unión de dos erotismos que se comparten y explotan al unísono. Pues pobres.