De plano no les da para más, carecen de visión, o simplemente alcanzan un grado de cinismo verdaderamente superlativo. Es la misma cantaleta, los mismos buscapiés, cada que se aproxima la presentación, revisión y, en su caso, aprobación de la Ley de Ingresos: IVA generalizado, con especial enfoque a medicinas y alimentos, y la “posibilidad” de que ciertos productos de primera necesidad queden exentos del gravamen (el aire, tal vez). Son los mismos de siempre, con la cereza del momento: La empresa privada Chuchos, S.A., disfrazada de partido político, se sube a la intentona calderonista de matar de hambre al grueso de la población, erradicar cualquier vestigio de lo que alguna vez fue la clase media mexicana y consolidar (ampliar de ser posible) el paraíso fiscal para los barones y sus grandes corporativos.

No tienen llenadera. El paso calderonista por Los Pinos se ha caracterizado, más allá de la costosísima incapacidad de reflotar el barco y la ostentosa cuan onerosa falta de resultados, por saquear los de por sí frágiles bolsillos de la mayoría de los mexicanos, por la vía de la expoliación fiscal. Nunca hay dinero para las urgencias nacionales; no obstante, la creación de nuevos impuestos y el incremento de los existentes. Enorme cucharón para mantener el boato de palacio y su corte (partidos políticos incluidos) y minúsculo gotero -casi siempre obturado- para salpicar algunas monedas para dar la impresión que se atienden los problemas del país.

En contrapartida, manga ancha fiscal para los barones, con exenciones por doquier, subsidios a manos llenas, crecientes deducciones, consolidación, cancelaciones de créditos con cargo al erario, y demás gracias propuestas por el Ejecutivo y avaladas por el Legislativo, que no sólo permanecen intocadas (¡ni Dios lo permita!), sino que en cada Ley de Ingresos -esto es, cada año- le aumentan un piquito para que los grandes señores del México privatizado se mantengan en pleno goce de su paraíso y, de pasadita, no se pongan bravos ni roñosos a la hora de entrarle al financiamiento de las campañas electorales, especialmente aquella que por destino tiene Los Pinos.

Resulta verdaderamente grotesco, ahora con el plus de una “nueva izquierda” de pacotilla, denominada Chuchos, S.A., aliada con la ultra derecha y trepada al carro de mátenlos en caliente, por medio de la expoliación tributaria, y en defensa del gran capital.

Cada año el erario deja de recibir, en promedio (cifras oficiales, de la Secretaría de Hacienda), algo así como 500 mil millones de pesos por ese cúmulo de exenciones, subsidios, deducciones, consolidaciones y conexos, sin considerar la cancelación de créditos fiscales, mayoritariamente a favor de los grandes consorcios, una política de saqueo totalmente atentatoria al interés nacional, pero muy conveniente para los intereses de los partidos políticos y sus candidatos, los que, de conseguir el hueso, de inmediato autorizan nuevas fórmulas para que los barones evadan gustosamente el fisco como pago del financiamiento de sus campañas electorales.

Como cada año, ahora en el escarceo para la Ley de Ingresos 2011, la Coparmex brinca a la palestra para -¡oh, creatividad patronal!- “proponer” que el IVA se cobre a todos y a todo, salvo a una canasta “realmente básica” y de “primera necesidad”, amén de promover la desaparición del IETU e ISR y en su lugar aprobar un impuesto “único” de 25 por ciento “parejo”. Gerardo Gutiérrez, cabeza visible de esa organización, se mostró satisfecho, porque los partidos políticos “ya están formulando sus propuestas en materia tributaria”.

Este personaje de la farándula empresarial, lo que busca ese organismo y los demás que conforman el Consejo Coordinador Empresarial no es otra cosa que “dar certidumbre, que haya más equidad, que eliminen la tasa cero… somos pocos los que pagamos impuestos, la gran mayoría no lo hace; tampoco queremos que cada año nos cambien las reglas del juego”. Obviamente su propuesta -mucho menos la de esos partidos- ni de lejos incluye la más mínima posibilidad de tocar los privilegios fiscales de los barones.

Eso por el lado de los empresarios. Por el de San Lázaro, en el jaloneo interno de lo que queda del PRD, unos van por gravar con IVA medicinas y alimentos (el “pacto fiscal”, como le llaman, que cocinan los Chuchos, con Guadalupe Acosta como vocero y en plena negociación con los panistas para una “alianza” electoral en Nayarit, en la que, casualmente, él resultaría el candidato, y Jesús Ortega echando cuentas del jugoso negocio que para él es apoyar a Calderón y a sus huestes), y otros (con Alejandro Encinas a la cabeza) que asegura que “bajo ninguna circunstancia” los legisladores del cascarón aprobarán tal medida.

No apoyarán ningún proyecto ni pacto fiscal que fortalezca los privilegios fiscales de las grandes empresas”.
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