Es ya una costumbre protestar por los cambios nacionales de horario, que según la Fide (Fideicomiso para el ahorro de la energía eléctrica) es una medida que nos ayuda a economizar energía, lo que muchas personas ponen en duda. La protesta que se hace más vigorosa cuando perdemos una hora en el horario de verano, por la sensación de fatiga que se siente debido a la alteración de los ritmos circadianos. Pero al cambiar al horario de invierno tenemos la impresión de que hemos recuperado un tiempo que nuestro cuerpo sentía que faltaba. Es una cuestión de ajuste de los relojes circadianos que tienen todos los organismos vivos, incluido el nuestro.
Llegó la temporada en que el día empieza a ser más corto que la noche y la producción de melatonina por la glándula pituitaria o epífisis debe aumentar para ajustar el reloj biológico. En el cerebro, hay un racimo de células nerviosas que se llama núcleo supraquiásmático, que es el lugar donde se desarrollan los ciclos circadianos y estacionales. Al cambiar de estación, sobre todo de verano a invierno, nuestro organismo no solamente se prepara para adecuar las horas de vigilia, que se hacen menores con la reducción en la cantidad de luz, sino que también buscará ajustar los cambios en el aspecto físico y en la conducta que se producen con el inicio de la temporada de recogimiento y protección que el frío trae a nuestra vida cotidiana. ¿Qué quiero decirle con esto? Que en todos nosotros, en usted y en mí, en los próximos días vamos a sentir cambios de comportamiento de los cuales no seremos del todo conscientes.
Los relojes circadianos en las células responden a diferencias en la iluminación entre el día y la noche, y por lo tanto permiten a los organismos anticipar cambios en el ambiente regulando el ritmo de su metabolismo para ajustarlo a este ciclo diario. En los seres humanos, estos relojes son responsables de que nos sintamos somnolientos por la noche y despiertos de día, y controlan además muchas funciones principales de homeostasis. La alteración de los ciclos circadianos puede causar el jet lag, algunas enfermedades mentales e incluso algunas formas de cáncer. Influye en la temperatura del cuerpo, en los ciclos de sueño, en el apetito y en la actividad hormonal. Fisiológicamente lo más adecuado para la salud y el rendimiento del ser humano es acoplar de la mejor forma posible sus actividades más importantes al ciclo natural luz-obscuridad.
No todas las personas reaccionarán igual al ajuste de horarios. En aquellas personas que tienen su actividad al aire libre se mantienen con más facilidad sus ritmos de 24 horas, porque la exposición directa al amanecer y el atardecer, continuamente reinician el reloj y lo conservan en un horario regular de 24 horas.
Pero las personas que están todo el tiempo bajo la luz artificial tienden a desarrollar un ciclo de descanso y actividad de 26 horas, en lugar de 24, por el fenómeno que se conoce como Efecto Aschoff, en honor al científico alemán que lo registró por primera vez en los años 60, conduciendo con más facilidad a la fatiga crónica, a la modificación del sueño e incluso a los trastornos afectivos estacionales, que están asociados con las alteraciones en el reloj biológico.
Se ha descubierto que también el color de la luz influye de manera crucial en el ajuste de nuestros relojes corporales, pues la luz de onda corta, esa que va hacia la franja del azul, incluyendo la luz natural proveniente del cielo azul, es muy efectiva estimulando el sistema circadiano. La exposición a otras longitudes de onda, a otros colores de luz, como la que se consigue con la mayor parte de los focos que usamos actualmente, requiere de mayor tiempo o mayores niveles de exposición para alcanzar la misma eficacia en el ajuste del reloj. Para evitar estos trastornos, en estos primeros días del nuevo horario debemos exponernos más a la luz del sol y, si nos es posible, tenemos que salir a contemplar estos magníficos atardeceres que nos regala el desierto.
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