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Juan Latapí
Juan Latapí
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29 Mayo 2016 03:10:06
¿País con leyes?
POR SUPUESTO QUE VIVIMOS EN un país con leyes que puntualmente rigen nuestro diario existir. Leyes que, querámoslo o no, se cumplen al pie de la letra.

ES EL IMPERIO DE LA ley al que nadie puede escapar, haga lo que se haga. Pero no son las leyes consagradas en la Constitución, ni las leyes federales y estatales, ni mucho menos las
de los numerosos códigos y reglamentos.

SON LAS OMNIPOTENTES LEYES NO escritas, aceptadas y toleradas por todos nosotros, empezando por la llamada Ley de la Selva, en la que el más fuerte y poderoso es quien domina y somete a los demás, para su beneficio personal, sin importarles sus semejantes, donde friegas o te friegan.

ES LA LEY DEL AGANDALLE y del me vale, que permite a unos cuantos afectar a miles de ciudadanos pacíficos.

AQUÍ EN MONCLOVA SE PUEDE ver cómo las broncas intersindicales se rigen por esta ley, agrediéndose con saña y con toda impunidad; ellos le llaman lucha por el poder, pero sin importarles los agremiados.

¿Qué pasó con quienes asesinaron a otro obrero durante una posada el año pasado?

Nada; no pasa nada. ESTA LEY DEL MÁS FUERTE está llegando a niveles sorprendentes, claramente reflejados en la prepotencia y abusos policiacos.

Ley que solapa a la fuerza pública para que, en vez de proteger a la ciudadanía, realice acciones intimidatorias para confiscar vehículos legales sin placas o sin placas vigentes; pero eso sí, a los propietarios con vehículos ilegales, de procedencia extranjera, no se les molesta. Claro, representan un montón de votos incondicionales.

BAJO EL AMPARO DE ESTA ley los delitos siguen a la orden del día mientras los policías se dedican a levantar boleros, lavacoches y ambulantes. Quien no tiene influencias al bote va a parar.

ESTA LEY, EN LA QUE el pez grande se come al chico, está allanando el camino a la paulatina militarización del país. Empezamos a ver la tempestad y sin arrodillarnos aún. Basta observar cómo la violación de los derechos humanos avanza con plena complacencia al grado que una ley que creíamos había desaparecido está retornando: la Ley Fuga.

ESTA LEY DE LA SELVA es la negación de la Justicia, en la que sólo truenan los chicharrones de los poderosos.

Y NI QUÉ DECIR DE la ley de Herodes, en la que te chingas o te jodes, que nuestras autoridades y magnates aplican magistralmente diciendo “hazle como quieras”.

Es la ley que protege a funcionarios de todos los niveles que no saben escuchar, que ignoran el sentir de la gente y rodeándose de incondicionales corifeos que solo dicen lo quieren escuchar.

EN LA INTRINCADA MARAÑA DE la impartición de justicia, donde al poderoso se le hace “justicia” y al individuo común solo se le aplica la “ley” y, si se atreve a reclamar, se le aplica con toda fuerza la Ley de Herodes.

RIGE ESTA LEY CON TODO su peso al realizar algún trámite en una dependencia oficial o cuando hay que acudir al IMSS para a ser atendidos. Te aguantas o te friegas; no hay de otra.

OTRA LEY QUE TAMBIÉN RIGE nuestros destinos es la Ley del Embudo, en donde a quienes ostentan el poder les toca la parte grande dejando la pequeña a los demás. Bajo el cobijo de esta ley la megadeuda de nuestro estado puede seguir enseñoreada de los oscuros mares de la opacidad y de la impunidad.

TODAS ESTAS LEYES HAN FAVORECIDO la popularidad de la Ley del Talión en la que el hartazgo de la corrupción e inoperancia del aparato judicial están orillando a los ciudadanos a hacerse justicia por su propia mano, golpeando y linchando a los delincuentes.

¿Qué tanto falta para que la veamos aquí?

TRISTEMENTE VEMOS CÓMO LAS NUEVAS generaciones navegan bajo el yugo de la Ley del Mínimo Esfuerzo, las que creen saberlo todo, no les preocupa prepararse ni lo que acontece en su entorno. Esta ley ayuda a explicar el alza de suicidios entre los jóvenes, el sedentarismo, la obesidad, las depresiones y los embarazos entre adolescentes.

Generaciones que desdeñan el trabajo y el esfuerzo convirtiéndose en verdaderos inútiles.

DESAFORTUNADAMENTE TAMBIÉN HAY OTRA LEY que a muchos somete, que nos tiene dominados y que explica nuestra pasividad y apatía; es la llamada Ley de Murphy, en la que si algo puede ir mal, irá mal en el peor momento. Es el pesimismo en su máxima expresión.

TODAS ESTAS LEYES NOS TIENEN sometidos y nos van deshumanizando poco a poco. La apatía y la ausencia de solidaridad activa y creativa son terreno fértil para que dichas leyes prosperen y nos sigan sometiendo.

AFORTUNADAMENTE AÚN HAY ALGUNAS PERSONAS que luchan para recuperar el imperio de la Ley y de la Justicia antes de que sea demasiado tarde. Pero mientras esto llega a suceder nos seguiremos rigiendo por la Ley de Sturgeon que dice: “El 90 por ciento de todo es una mierda”. Apostémosle al otro 10 por ciento.

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