A nadie debiera sorprender que –en plena campaña presidencial–, se produzca un nuevo escándalo mediático en torno a Michoacán. Incluso se podría hablar de una moderna versión del mítico “michoacanazo”, a pesar de que en esta ocasión el “cochinero” no tiene que ver con criminales y narcotraficantes, sino con malos gobernantes.

Es decir, que en cualquier momento podría caer “todo el peso de la ley” contra el ex gobernador perredista –que no perdió un minuto para refugiarse en su escaño–, hoy senador Leonel Godoy, a quien Felipe Calderón acusó de despilfarro, y de quien se quejó amargamente el nuevo Mandatario estatal, el priísta Fausto Vallejo.

El escándalo comenzó –como todos saben–, el pasado sábado, en Morelia, Michoacán, durante la inauguración del Hospital de Alta especialidad, cuando el Presidente reveló que en su tierra natal, durante el gobierno de Leonel Godoy, se habrían desviado a otros rubros, importantes recursos destinados para la salud.

Pero Felipe Calderón no sólo se refirió al desvío de por lo menos 5 mil millones de pesos anuales, sino que jugueteó con la crisis de deuda que dejó el gobierno perredista; crisis que calificó –junto con la audiencia a la que hablaba–, de un verdadero “cochinero”.

Durante la inauguración del citado hospital, el Presidente dijo que la información sobre el desvío de recursos salió de la Auditoria Superior de la Federación, y que esperaba que pronto se hiciera la investigación respectiva. Pero el asunto no se quedó en eso. Ayer lunes, el Gobernador de Michoacán, el priísta Fausto Vallejo, dijo que, además del desvió de recursos públicos destinados a la salud, el gobierno de Leonel Godoy dejó un quebranto de 8 mil millones de pesos que tienen paralizado al estado. ¿De qué se trata la denuncia presidencial? ¿Cuál es la intención del reclamo del gobernador priísta entrante?

A primera vista, asistimos a una saludable denuncia sobre presuntas irregularidades cometidas por un gobernador surgido de la llamada izquierda mexicana, y que pasó su gestión extraordinaria de cuatro años, en medio de severas críticas de corrupción, de complicidad con el crimen organizado y al que –en el extremo–, se le acreditó vínculos con un hermano probadamente relacionado a los cárteles de la droga.

Sin embargo, nadie pude pasar por alto que vivimos los días previos al inicio formal de la campaña presidencial de 2012 –campaña que tendrá una duración de sólo 120 días–, y que todos los partidos políticos y sus respectivos gobiernos harán todo lo necesario, no sólo por ganar, sino para destruir a sus adversarios, como parte de ese objetivo.

Por eso, no resulta descabellado suponer que en el caso del “cochinero” denunciado por Felipe Calderón –en torno al gobierno del perredista Leonel Godoy–, estemos presenciando una nueva andanada del Gobierno federal y del presidente Calderón, contra uno de los políticos emblema de la llamada izquierda. Y es que nadie debe pasar por alto que Leonel Godoy fue un cuadro importante del cardenismo, del lopezobradorismo y que, incluso, se desempeñó como presidente del partido amarillo.

¿Qué significa que el Gobierno federal cuente con información y evidencias como para perseguir legalmente a un ex gobernador?

Casi nada, que el gobierno de Felipe Calderón tendría en sus manos dos poderosas cartas de gobiernos del PRI y del PRD, respectivamente, involucrados en escándalos de corrupción y desvío de recursos. ¿Y cuáles son esas cartas?

Todos las conocen.

Nos referimos a los gobiernos de Coahuila y Michoacán, y a los ex gobernadores Humberto Moreira y Leonel Godoy; casualmente, ex presidentes de sus respectivos partidos. ¿Y que significaría que, con evidencias en la mano y en tiempos electorales, la justicia cayera sobre Moreira y Godoy? El escándalo mediático sería de pronóstico y el golpe electoral sería un misil bajo la línea de flotación del PRI y las izquierdas. ¿Se atreverá Calderón a dar ese paso? Al tiempo.

EN EL CAMINO

Por cierto, el Presidente está obligado a dar un paso contundente en la indagatoria por el fraude cometido contra el IMSS por el ex director Juan Molinar. Tiene toda la razón Pablo Hiriart, no podemos seguir siendo apáticos. Y es que son 3 mil millones defraudados ¿Y qué, Calderón se hará de la vista gorda?... ¿Y qué decir del “góber piadoso” de Jalisco, Emilio González? ¿Otro pillo impune?... AMLO se bañó, se peinó y estrenó, todo para saludar a Biden. ¿Qué no decían los antiguos de la izquierda que los presidenciables del PRI se postraban ante el imperio? Mera pregunta.