La maestra Elba Esther Gordillo y sus pupilos tuvieron un amargo despertar el fin de semana, cuando el PRI rompió la coalición acordada con el PANAL.

De inmediato se reunieron en Ciudad de México los secretarios de las 55 secciones del sindicato de maestros, para convertir la crisis en oportunidad de figurar por cuenta propia, sin el respaldo priísta.

A las primeras de cambio, cundió el desaliento: Uno a uno, los dirigentes de los estados admitieron que no tenían prospectos para lanzar candidatos en los 300 distritos federales ni en los locales o las alcaldías.

Elba Esther se diO por engañada en su propio sindicato: ¿Quiere decir, les dijo, que era puro cuento que ustedes estaban armando cuadros para actuar políticamente en nuestro partido?.

En estados como Nuevo León, con una robusta representación magisterial, se inició el proceso para convertir en candidatos panalistas a diputados federales - la definición que más urge - a la mayoría de los ex dirigentes de las secciones 21 y 50.

No le extrañe si ve en las planillas del PANAL a Alfonso González, José Ángel Alvarado, Juan Antonio Rodríguez, Jorge Santiago Alanís, Francisco Hernández, Sanjuanita Cerda, Yolanda Martínez y demás ex líderes.

Pero nada borra la impresión de que el descalabro con el PRI dejó al desnudo el manejo chapucero de un membrete, que pudo tener peso con un millón de maestros del país teóricamente en sus filas.
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