ME PERMITO EXPONERLE, MI SUPERIOR, que el 9 de marzo del presente año ZÓCALO SALTILLO publicó una nota de que el fenómeno de las pandillas en la capital de Coahuila había dado un giro sofisticado y por demás riesgoso para los habitantes de Saltillo, al incluir entre sus armas de ataque ya no sólo puntas y navajas, sino que ahora usan pistolas para cometer todo tipo de fechorías. El caso del comerciante Nicolás Castañeda, quien murió asesinado de un balazo por un vago en el sector Villa Universidad, es un ejemplo de que los pandilleros han evolucionado y operan impunemente.

LA NOTICIA DE ESTE MEDIO fue muy certera, porque reveló que más de 350 grupos delincuenciales integrados por niños, jóvenes y adultos, que parecen estarles ganando la partida a la Policía Municipal, que dirige el general retirado Marco Antonio Delgado Talavera, y al militar Ernesto Estrada Bustamante, actual coordinador de la policías Investigadora y Operativa de la Fiscalía General del Estado. La ola delictiva en la ciudad está generando un “terror silencioso” a los saltillenses que conviven con los pandilleros en los sectores donde viven.

HASTA LAS 19:05 HORAS DEL sábado, el vago, a quien le apodan “El Sapo” y que privó de la vida al padre de familia que atendía su tienda de abarrotes, se negaba a revelar su nombre y a rendir su declaración ministerial ante las autoridades del Grupo de Homicidios que coordina Everardo Rosales Saucedo. El pandillero se encuentra en una sala de recuperación del Hospital Universitario.

SEGÚN POLICÍAS INVESTIGADORES QUE TUVIERON contacto con el malviviente, éste mostraba una actitud cínica en todo momento, como si la acción que cometió en contra del ahora occiso hubiera sido un éxito personal, sin imaginar que le espera una larga temporada en el reclusorio de la localidad. (Más de 20 años, por lo menos).

EL MALVIVIENTE HABÍA CONSUMIDO DOSIS de cocaína antes de entrar a la propiedad y cometer un asalto en el estanquillo de su víctima, que está ubicado en el cruce del Periférico Luis Echeverría y la calle UAAAN. No se descarta que este sujeto pudiera estar involucrado en otros robos.

ASIMISMO, QUIERO EXPONERLE QUE ESTE hecho delictivo revela una situación que podría incomodar a las autoridades municipales, estatales y federales, por una sola razón: delincuentes de alta peligrosidad estarían detrás de la venta de armas de todo tipo a personas que las comercializan presuntamente en mercados sobre ruedas de la ciudad, así como en los puntos en donde se expenden todo tipo de estupefacientes.

NA VERDAD QUE LAS AUTORIDADES no pueden ocultar es que los delitos cometidos por los “chavos banda” han trastocado la tranquilidad no sólo de los habitantes que viven en los zonas populares de esta urbe, sino también de quienes habitan fraccionamientos y villas exclusivas de Saltillo, desde que inició el año.

OTRA ES EL COMBATE A LAS PANDILLAS en la ciudad y sus alrededores; se descuidó tanto que apenas hace tres años las autoridades estatales crearon áreas especializadas para prevenir el delito y las conductas antisociales derivadas de la problemática que hoy significan las pandillas en esta ciudad, y que siguen cometiendo todo tipo de delitos a cualquier hora del día.

ESTE HECHO DELICTIVO OBLIGA A la Policía Municipal a redoblar sus operativos de desarme no sólo en las colonias que ellos consideran de alta peligrosidad, sino que lo deben hacer desde la Zona Centro hasta los sectores donde vive gente “acomodada”, porque ahora no sólo hay vagos que cambiaron su forma de vestir y conducen vehículos seminuevos, sino también hay malhechores que visten sus mejores ropas al momento que delinquen. Ésta es la delincuencia que opera en Saltillo.

NO ESTaría MAL QUE LA Fiscalía General del Estado, que dirige Jesús Torres Charles, convocara a la delegación regional de la Procuraduría General de la República, que tiene su sede en la ciudad de Torreón y que comanda Aurora de la Mora Alvarado, a llevar una investigación conjunta para ubicar y detener a las personas que les están vendiendo las armas de fuego a los pandilleros, que están jugando un papel importante en los índices delictivos que van a la alza en la localidad en este 2009.

LO ÚNICO CIERTO ES QUE la capital coahuilense dejó de ser desde hace años una ciudad tranquila, como antes era conocida, al registrarse en los últimos 12 meses todo tipo de balaceras, con personas muertas, más de ocho asaltos bancarios, más de 3 mil robos en todas sus modalidades, como saqueos a domicilios y a interior de vehículo, robos a negocio, robos a persona con violencia, robo de autos y capturas de narcotraficantes, entre otros casos. Con todo esto no se puede definir a Saltillo como una urbe segura.