Entró el pastor, y vio algo que lo dejó estupefacto: Todos los invitados e invitadas estaban completamente en peletier, o sea sin ropa. Las mujeres, con los ojos vendados, palpaban la entrepierna de los hombres, y luego trataban de adivinar por medio de aquel tacto quién era el auscultado. “Er-ejem -vaciló el predicador-. Creo que debo retirarme. Soy por completo ajeno a estos ambientes”. “¡Pamplinas, reverendo! -le dice alegremente el anfitrión-. Únase a la fiesta.
De hecho las señoras piensan que ya está usted aquí: Han mencionado su nombre cinco veces”. Si yo fuera del PAN diría: “¡Diosito!”, y si fuera del PRI diría: “¡Uta!”. ¿Por qué? Porque Andrés Manuel López Obrador está jugando bien sus cartas, y va con paso firme por el camino que puede llevar a su elección. Diré algo que justificará aquellas interjectivas expresiones. ¿Pueden mis cuatro lectores pensar en un empresariado más conservador que el jalisciense? Ni siquiera el regiomontano, diría yo. Pues bien: Si el PRI o el PAN hicieran una encuesta entre los más prominentes empresarios de Jalisco, encontrarían, para su sorpresa y su consternación, que por lo menos 6 de cada 10 están pensando seriamente en dar su voto -y su apoyo- al tabasqueño. Por su tradicional oposición al PRI los magnates tapatíos no quieren el regreso del partido tricolor: Temen que sus pasados vicios se instalen otra vez en el país por largo tiempo.
En lo que hace al PAN, el partido blanquiazul los tiene muy decepcionados a causa de la incapacidad que las dos sucesivas administraciones panistas han mostrado en el manejo del poder. Apadrinado por empresarios regios, AMLO ha hablado con destacados representantes del comercio y la industria de Jalisco; ante ellos ha reconocido sus errores de la vez anterior; les ha expresado firmísimo propósito de enmienda, y a muchos los ha convencido de que es un nuevo López Obrador. Por otra parte, el anuncio de AMLO en el sentido de que si llega a la Presidencia integrará a su gabinete a personajes como Juan Ramón de la Fuente, Rogelio Ramírez de la O y Marcelo Ebrard, fue un golpe afortunado, pues mostró transparencia en los propósitos e intención de rodearse de gente valiosa. Por eso hay motivos fundados para que en vista de los acontecimientos el PAN diga: “¡Diosito!”, y el PRI diga: “¡Uta!”... Éstos eran dos amigos. Uno era bueno como un ángel; el otro era malo como un ángel. (Se entenderá esa aparente contradicción si se recuerda que Lucifer era también un ángel).
Cierto día murió el amigo malo, y meses después el bueno pasó también a mejor vida. El bueno llegó al Cielo, y lo primero que hizo fue preguntarle a San Pedro por su amigo malo. “Está en el infierno” -le dijo el portero celestial. Pidió el amigo bueno: “¿Podría verlo siquiera por un instante?”. San Pedro descorrió con un ademán los velos caliginosos del averno, y el hombre bueno pudo ver al malo. Estaba sentado en un bello jardín. Lo acompañaba una preciosa rubia, y tenía al lado un gran barril de cerveza, su bebida favorita. El amigo bueno se desconcertó al mirar aquello. Le preguntó a San Pedro: “¿Eso es el infierno?”. Responde con laconismo el buen apóstol: “El barril tiene varios agujeros. La rubia ninguno”... FIN.
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