Catedrático de la Facultad de Economía de la UAdeC
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Hace algunos días se difundió a través de diversos medios de comunicación una noticia que conmovió a la sociedad mexicana, se hablaba de supuestos suicidios en los que habrían incurrido algunas personas pertenecientes a la etnia rarámuri que habita la sierra tarahumara, las causas se atribuían a las condiciones de precariedad asociadas a la sequía que se sufre en el norte del país, así como de las bajas temperaturas que son características de aquella región en invierno. Los suicidios mencionados no fueron confirmados, pero sí las condiciones de extrema pobreza y marginación en que viven los habitantes de la sierra ubicada en la el estado de Chihuahua.
La noticia comentada dio lugar a una movilización por parte de diversas instancias gubernamentales, así como de instituciones y organizaciones sociales de todo tipo, lo que habla una vez más de la solidaridad que caracteriza a la sociedad mexicana y se manifiesta en situaciones que exigen la ayuda para los grupos humanos que enfrentan alguna desgracia.
Sin embargo, es necesario reflexionar en que la pobreza que vive la mayoría de la población en nuestro país es una condición permanente y ancestral. Los programas de corte asistencialista que los gobiernos han instrumentado no han logrado resolver este problema y los programas de ayuda en situaciones particulares como la mencionada anteriormente, únicamnte atienden una situación específica en un momento específico, por lo que tampoco constituyen una alternativa.
Desgraciadamente es muy probable que las condiciones de pobreza y marginación tiendan a agravarse debido a que los efectos del cambio climático se están manifestando de diversas maneras, una de las cuales es precisamente la alteración de los ciclos estacionales a los cuales puede atribuirse la sequía que afecta a los estados norteños de la República, pero por otro lado genera también intensas lluvias en los estados del sur del país que impactan sobre todo a la población más pobre del medio rural, al afectar sus cosechas y provocar importantes mermas en su precaria situación patrimonial.
En el proceso electoral en que nos encontramos, es indispensable que los partidos políticos presenten propuestas claras y viables que apunten a un proceso real y sostenido para reducir la pobreza en México, que busquen la integración de la población de menores ingresos a las alternativas de desarrollo nacional y que contemplen, de manera explícita, la atención a los grupos indígenas que representan la manifestación más lacerante de la exclusión social y el olvido.
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