La verdad es que esa situación de precariedad debiera mantenernos en vilo a todos.
Por esos pobres, pagar nuestros impuestos, exhibir a los corruptos.
Primero los pobres, antes de cualquier monumento. De giras costosas, de gasto en partidos.
Declarar una situación de emergencia nacional, ayudar casa por casa a los más necesitados.
Equipar las escuelas públicas, en lugar de subsidiar colegiaturas.
Movilizar a todas las organizaciones sociales a una solidaridad activa.
No confundamos: El valor es la humildad, la pobreza es una carencia dolorosa.
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