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Vicente Bello
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25 Noviembre 2016 04:00:00
‘Por amor a sus hijos, díganos dónde están los 43’, exige Layda a Peña
Un encontronazo entre el presidente Enrique Peña Nieto y la senadora Layda Sansores San Román estremeció ayer no sólo al Senado de la República, en los minutos previos de la entrega de la medalla Belisario Domínguez al teniente de Fragata Gonzalo Rivas. También estremeció al sistema político mexicano, por lo inédito de una conversación arrancada a pulmón por Layda, la senadora opositora que más ejerce la crítica a la Presidencia de la República, en esta 63 Legislatura.

He aquí un diálogo que nadie esperaba:
--Señor Peña Nieto –dijo Layda Sansores a Peña Nieto, interponiéndose en su camino al podium, a un minuto del inicio de la sesión solemne.

--Qué gusto hablarle –respondió un Peña Nieto sorprendido y con intención clara de evadirla.

--Quiero entregarle esta iniciativa –Layda entregaba un manojo de papeles al presidente.


--La leeré con mucho gusto –respondió Peña al tiempo que buscaba con la mirada zigzaguear para dejar atrás a la senadora.

--Déjeme un minuto –dijo Layda. “Yo veo al México de Huerta igual al México de nuestros días. Mire: Esta iniciativa es para que la medalla Belisario Domínguez recupere su esencia. Sé que es el Senado al que le corresponde entregarla. Pero es política ficción lo de la división de poderes, y yo espero que usted la aliente”.

--Me deja verla y…

--Espéreme tantito, por favor. El año que viene esperamos que sea un indígena que por primera vez reciba esta medalla. Porque… se está usando como arma política. Hoy, este premio que se da, lo merecen igual los dos jóvenes de Ayotzinapa que fueron asesinados por la espalda.

--Señora senadora, déjeme ver (su iniciativa), y con mucho gusto… –dijo Peña Nieto.

--Espéreme un momentito –imperativa, respondía Sansores. “Se usaron para justificar el uso excesivo de la fuerza. Y además vinieron a echarle sal a la herida de Ayotzinapa, que está abierta. Nadie está contento con las investigaciones de la PGR. Y decía una madre: Que cada minuto que pasa es un siglo de tortura para ellos”…

--Bueno, senadora, quiero decirle una cosa: Yo aquí viene como invitado. Esto es un reconocimiento que otorga el Senado de la República. Es un debate que hace internamente, que yo respeto…

Se comenzaba a poner crítico eldiálogo entre Peña y Layda. Y uno a otro se interrumpía.

--Yo lo sé. Pero… -dijo Layda.

--Que este cuerpo colegiado resuelva de forma mayoritaria… –dijo Peña.

--Eso yo lo entiendo… -insistió la senadora.

--Y acudo aquí en mi carácter de presidente de la República y como invitado a esta sesión. –insistió Peña Nieto.

--En eso yo lo entiendo –volvió a interrumpir Layda. “Pero también como se permite hacer esto, yo también quiero expresarle, porque lo de Ayotzinapa a nosotros sí nos cala. Y le estamos exigiendo que las investigaciones se apresuren; que nos digan la verdad; que nos digan dónde están los jóvenes”…

Peña Nieto asentía con la cabeza, y decía en susurro: “Así será”. Pero ni podía evadir a Layda, ni Layda callaba, quien preguntó entonces al presidente de la República: “Dígame si están en un cuartel; si fueron masacrados sus cráneos. Díganos, porque usted la conoce”…

--Senadora… -alcanzó a decir un Peña Nieto abrumado por lo incisivo de la senadora.

--Eso es lo que estamos pidiendo –dijo Layda.

--Senadora; recojo su expresión con mucho gusto.

Peña entonces extendía la manoa Layda, para despedirse. Pero Layda no le extendía nada.

“Usted se desespera”, insistió Layda Sandores.

--No me desespero –respondió Peña.

Y Layda continuó: “Pero este pueblo ha tenido mucha paciencia para esperar respuestas. Y Ayotzinapa no puede seguir como una herida abierta para siempre, porque no se puede superar…

--Nadie lo quiere así, senadora.

--Pues usted nos pide que se supere. Y no puede superarse porque…

--Nadie lo quiere, y créame que haré que la Procuraduría esté manteniendo al tanto a los padres de familia… -dijo Peña Nieto.

--No basta con eso –insistía Layda.

--Bueno, senadora –hizo entonces Peña Nieto un leve levantamiento de hombros-… No está en mis manos…

--No basta con eso. Por amor a sus hijos. Mire, yo he dicho muchas cosas de usted. Y quisiera decírselas de frente. Pero hoy sólo le quiero pedir que por amor a sus hijos, usted nos diga la verdad a los mexicanos.

--Así será, senadora.

--Porque usted la conoce
--Así será a través de la Procuraduría.

--Y le exigimos justicia.

Entonces se interpuso entre ambos el senador coordinador del PRI en el Senado, Emilio Gamboa Patrón, quien terció con un “gracias, Layda…”

Peña por fin se salía del alcance de Layda Sansores: “Está muy bien”, le dice a Layda, a quien le daba las gracias y se encaminaba al podium, adonde lo esperaban el presidente del Senado, la mamá del laureado post mortem y el ministro de la Corte, Eduardo Medina Mora, quien estuvo ahí en representación del presidente del órgano máximo del Poder Judicial de la Federación.

Layda entonces se despidió también con un “gracias”.

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