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Raymundo Riva Palacio
Raymundo Riva Palacio
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08 Enero 2017 04:00:00
Postales: Corleone
CORLEONE, Italia.- Para llegar a esta pequeña comunidad de 12 mil habitantes a 54 kilómetros al sur de Palermo, hay que desviarse de todas las principales carreteras que conectan a las grandes ciudades de Sicilia, y llegar a ella por caminos serpenteantes, algunos de tierra, zona de nadie. Es una comunidad agrícola que cultiva cereales, olivo y tomate donde no se ve dinero, salvo en algunos mausoleos fastuosos en el cementerio del pueblo. No hay edificios, ni casas grandes. Sus tiendas son pequeñas y sus restaurantes más concurridos, cafeterías.

Se puede encontrar un hotel en 20 euros y el más caro, de dudosas tres estrellas, en no más de 85. Pero paradójicamente, la fama mundial de sus ciudades que sumaron culturas por más de 2 mil años, no alcanza la de Corleone, el pueblo donde nació el mítico pero inexistente Vito Corleone, El Padrino, que entró a la inmortalidad por la puerta de Hollywood. Una novela de Mario Puzzo convertida en una trilogía cinematográfica por Francis Ford Coppola, llevó a Corleone a convertirse en el nido donde se incubó la mafia siciliana.

No es así. La primera experiencia mafiosa la presume la provincia de Catania, que se encuentra muy lejos de aquí, a 250 kilómetros de distancia, mientras que durante el siglo pasado los capos prefirieron asentarse en Palermo, la capital de Sicilia, el centro del poder político y económico de la isla, donde el crimen organizado puede tejer sus redes de protección institucional y crear el enjambre oscuro de esas relaciones sucias que les permite ganar mucho dinero sin derramar tanta sangre. Sólo la ruptura de ese equilibrio de corrupción altera la dinámica de la mafia, como ha sucedido en los últimos años.

Irónicamente, ninguna de las escenas de El Padrino se filmaron en Corleone, sino en sus alrededores o en la misma Catania, donde la mafia, molesta primero porque se iba a realizar la película, enviaron a sus representantes para hablar con ejecutivos de Paramount y los guionistas para llegar a un acuerdo. Este fue que del guion desaparecieran las palabras “mafia” y la “cosa nostra”.

A cambio, incluso hubo momentos en que ayudaron a la filmación a contener a la gente, que quería molestarlos o por curiosos. Pero que Vito Corleone no existiera –la novela de Puzzo está inspirada en la vida real del capo Carlo Gambino, nacido en Palermo– y que Corleone no forme parte de la historiografía del crimen organizado siciliano, no significa que esta carezca de palmarés delincuencial. De hecho, pocas comunidades lo tienen como Corleone.

La violencia también estuvo asociada con el desarrollo del pueblo durante los 50 y los 60, en los años posteriores en que la mafia siciliana peleó contra la dictadura de Benito Mussolini y le arrebató al final de la Segunda Guerra Mundial el control sobre la isla. En esos años aparecían muertos en las calles o sus cuerpos destrozados después de haber sido tirados decenas de metros por las laderas de las colinas. Eran los reacomodos de las mafias que estaban luchando por sus espacios.

Uno de quienes emergió como uno de los más grandes mafiosos italianos fue un nativo de Corleone, Salvatore Riina, Otto Riina, como lo conocen, quien fue sentenciado a cadena perpetua en 1993 por haber asesinado directamente a alrededor de 40 personas y haber ordenado el asesinato de más de 100, entre las que se cuentan las dos más famosas en el mundo, la de los jueves Giovanni Falcone, quien decidió enfrentar a los capos sicilianos y pagó con su vida y la de su esposa cuando volaron el auto en el que viajaban en 1992, y la de otro juez, Paolo Borsellino, quien retomó el trabajo de su gran amigo, pero sólo vivió 30 días para contarlo. A la captura de Riina su segundo, Bernardo Provenzano, lo sustituyó y llegó a convertirse en el último Padrino de Sicilia, el jefe de todos los jefes hasta su muerte natural en julio del año pasado, a los 83 años.
Después de ellos Corleone no ha dado más mafiosos de cepa, aunque produjo otros tres de significativa relevancia, Michele Navarra y Luciano Leggio, que iniciaron la mafia en este pueblo, y Leoluca Bagarella, quien le disputó el liderazgo de la mafia a Provenzano cuando capturaron a Riina. Desde el trabajo de Falcone la mafia siciliana ha ido a la baja, y ha sido superada en utilidades del crimen organizado por la Ndrangheta, de la zona de Calabria, que se encuentra en la punta de la península italiana, junto a Sicilia, que a diferencia de esta, que fuera de Italia sólo se enfocó en Estados Unidos, ha diversificado sus actividades en otras naciones, como en México, donde tienen una relación con Los Zetas, y se ha convertido en una organización con más poder y dinero del que tienen los sicilianos. Pero esto no significa que la mafia tiende a desaparecer.

En agosto pasado el ministro del Interior italiano, Angelino Alfano, disolvió el Ayuntamiento de Corleone por sus relaciones con el crimen organizado. Fue una investigación de seis meses detonada por los altos índices de violencia y tuvo como una de sus conclusiones descubrir que el hermano de la Alcaldesa se había reunido con los mafiosos locales para rentarles una planta de productos lácteos que era del Gobierno municipal.

El caso llamó mucho la atención porque la Alcaldesa, que ha negado toda vinculación con el crimen, se había distinguido por ser antimafia. Lo que sucedió no sorprendió a muchos. Hubo incluso quien afirmó, desde el centro de poder en Palermo, que durante más de tres décadas, la mafia ha gobernado Corleone. Si no es así, es lo que parece. En junio pasado, una procesión religiosa terminó con un mitin de protesta frente a la casa de Otto Riina para pedir a las autoridades su liberación. El cura del pueblo dijo que fue algo casual, pero pocos le creyeron.

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