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Jacobo Zabludovsky
Jacobo Zabludovsky
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Se graduó como licenciado en Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México el 21 de julio de 1947. Inició actividades periodísticas en 1946 en Cadena Radio Continental como ayudante de redactor de noticieros. En 1947 ingresó en la XEX-AM, como Subjefe de Servicios Informativos. En 1950, al empezar la televisión en México, inició la producción y dirección del primer noticiero profesional de la televisión Mexicana y desde entonces, ininterrumpidamente dirigió y presentó telenoticieros hasta el 30 de marzo del 2000, fecha en que renunció a Televisa. "24 horas", probablemente el noticiero con mayor audiencia en México en su tiempo, desaparece cuando Emilio Azcarraga Jean decide hacer cambios en el noticiero estelar, supliendo a Jacobo Zabludovsky por Guillermo Ortega. Jacobo sigue trabajando en Televisa pero renuncia al saber que su hijo, Abraham Zabludovsky, renuncia a dicha empresa. En los últimos años del noticiero sus índices de audiencia descendieron notablemente debido a la estrecha relación de Televisa con el gobierno mexicano. La percepción del público era que Televisa era cada vez más cercana al partido oficial de aquel entonces (PRI) en detrimento de la imparcialidad de su programación, además de la competencia que se hacía con su homólogo de TV azteca recién creado "Hechos". Eventualmente dicha percepción afectó la imagen de Zabludovsky como presentador del noticiero 24 horas. Desde el 1 de septiembre de 2001 hasta la fecha, Jacobo Zabludovsky conduce el noticiario "De una a tres" en las emisoras Radio Red y La 69 de Grupo Radio Centro desde la Ciudad de México. En ésta última etapa de su carrera ha sorprendido a propios y extraños al manifestarse abiertamente apoyador del candidato que perdió las elecciones en 2006 Lopez Obrador, lo que le ha valido las más duras críticas del sector conservador del pais.

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24 Enero 2011 04:00:34
Premiar y no premiar
La fiesta había comenzado en medio de la alegría de los triunfos

MADRID. El premio a los políticos se declaró desierto. Las dos grandes organizaciones de periodistas españoles, que cada año premian a los mejores del oficio y a quienes destacan en otros como la economía, la política y los deportes, consideraron que la labor de los políticos no merece ningún reconocimiento, por “la incapacidad de todos los dirigentes políticos de llegar a un consenso o fórmula para gestionar la actual crisis económica, financiera y social”.

La fiesta había comenzado en medio de la alegría de los triunfos, en una sala transparente del Retiro, con un público representante de la cultura y la inteligencia españolas. Comenzó con palabras de Carmen Enríquez, presidenta del Club Internacional de Prensa, quien después de la obligada bienvenida vació el jarro de agua más fría que la temperatura del Madrid de enero: “… son ya 3 mil 500 los periodistas que han perdido su empleo en los últimos dos años… el periodismo tradicional está en crisis y nadie sabe cuál es la solución ni cómo va a terminar esto”.

Lo inesperado subió de tono cuando tomó la palabra Alberto Ruiz Gallardón, Alcalde de Madrid y decidió, político fino de la nueva generación, no nadar de muertito, sino agarrar el toro por los cuernos: “Esta llamada resulta urgente y provechosa… Debemos tomar nota del motivo de censura que supone declarar desierto este premio… Ser plenamente conscientes de que hay una demanda de la sociedad, de que ese reproche… No llegar a un consenso… Es el que se nos hace este día a la clase política… me corresponde ser plenamente consciente de que hay una demanda para que en momentos de gravedad existan respuestas que, por encima de las diferencias ideológicas, articulen una confianza para toda la sociedad. Soy plenamente consciente de que… hay determinados momentos en los que la recuperación de esa confianza… exige que haya una superación de esas propias diferencias”. Terminó don Alberto, del Partido Popular, incluyéndonos: “Hoy, ni políticos ni periodistas están a la cabeza de la popularidad ni de la estima de los ciudadanos. Pero yo, de este acto de esta noche, me llevo una lección aprendida, porque creo que quizás alguien nos ha dicho por qué”.

Aprovechó su turno Alfredo Pérez Rubalcaba, vicepresidente del Gobierno, del Partido Socialista en el poder, para no dejar sin respuesta al Alcalde: “Seguramente merecemos los reproches … no digo que no… cuando dejan ustedes nuestro premio vacante tengo la certeza, y esto es lo peor, que sintonizan un extendido sentimiento de nuestra sociedad… No siempre es culpa nuestra… La gente está muy preocupada y lógicamente no aplaude a sus responsables… Tomo nota (de lo que dijo Alberto) como una llamada de atención a todos los políticos… Soy de los que pienso que en este momento de incertidumbre la política es más importante que nunca… finalizo mi intervención hablando de excelentes noticias como que España ganó el mundial”.

Una manera efectista de terminar una parrafada política, pero es que, además, ahí estaba Vicente del Bosque, recibiendo su premio como seleccionador del equipo campeón de la Copa Mundial de futbol. Habló del enorme esfuerzo de los deportistas que pudieron, a pesar de su entrega, haber perdido como perdieron uno de los juegos. “Sin duda, si no hubieran ganado, no estaría yo aquí”.

El premio de Jorge Semprún lo recogió Miguel Ángel Aguilar, presidente de la Asociación de la Prensa Extranjera, quien se calificó de “chico de los recados” de su amigo enfermo en París. Entre los presentes estaban Plácido Arango, presidente del Real Patronato del Museo del Prado, quien esa mañana había hablado con Semprún; Teresa Sanjurjo, directora de la Fundación Príncipe de Asturias y Rubén Vigil, jefe de prensa, llegados desde Oviedo; Lucio Blázquez, uno de los personajes más populares de Madrid, subió de la Cava Baja; Bernardo Graue representó al embajador mexicano Jorge Zermeño; Federico Sánchez Aguilar, presidente de la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión; José Gárate, de su Castilnovo en Cáceres, y como dicen los cronistas españoles del corazón: un largo etcétera.

Francisco Javier Rojo, presidente del Senado, me entregó mi premio con palabras afectuosas. Con el premiado Consorcio del Bicentenario de la Constitución de Cádiz de 1812 hice cita para vernos el año próximo en el Zócalo, oficialmente Plaza de la Constitución en honor de aquella “Pepa”, apodo que ganó por haber sido promulgada el día de San José.

Una fiesta de periodistas que rebasó al gremio y se convirtió en acto político de crítica y autocrítica, atribuciones que, por otra parte, caracterizan al buen periodismo de nuestra época.

Y estamos de regreso en casa.

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