Habría que crearlo.

- ¿El premio a la hipocresía?

- Naturalmente. No es posible que Carlos Salinas de Gortari hable de las fabulosas ganancias que se llevan de México los banqueros españoles, cuando es perfectamente recordado que él entregó la banca a la iniciativa privada, en la que bien sabía que se encontraban los españoles.

- Eso es pecata minuta, profesor.

- Hace unos años habló en contra del neoliberalismo y de inmediato Manuel Bartlett, quien fuera su secretario de gobernación le recordó públicamente que él fue el principal profeta del neoliberalismo en México.

- Y su impulsor y su instaurador.

- Y el más grande vende patrias de la historia del país. Más que Santa Ana.
- También Fox y calderón.

- No, Profesor. Ellos nada más están haciendo la entrega. El contrato de compraventa lo signó salinas con el TLC.

- Otra cosa a la que se refiere es al narcotráfico como flagelo del país.

- ¿Y por qué permitió que en los traileres de CONASUPO se hicieran los grandes movimientos de mariguana?

- Por eso le digo que habría qué instaurar el premio mundial a la hipocresía.

- ¿Encima hay qué premiarlo?

- No. Solamente reconocerlo.

- Pero si a cada paso da muestras de ello.

- Es verdad. Ahora señala como una necesidad la participación ciudadana.

- ¿Por qué no habló de la participación ciudadana cuando de manera unilateral decidió pactar el TLC con Estados Unidos y Canadá, pese a saber que los mexicanos llevaríamos la peor parte?

- Y se ha visto en todos los ámbitos. Mientras que el TLC prohíbe que nuestro gobierno apoye y subsidie al campo, el gobierno de Estados Unidos sí lo hace y nos tiene sometidos a sus productos agrícolas. Gracias a Carlos Salinas de Gortari.

- También habla de la crisis de mil novecientos noventa y cinco.

- Es un descarado. Esa crisis le explotó a Ernesto Zedillo, pero las bases de la crisis la creó él, Carlos. Permitió además que los banqueros robaran sus propios bancos y el Fobaproa, también de su creación, con dinero del pueblo, tuvo qué tapar los hoyos económicos de las instituciones mientras los banqueros ponían los dineros productos de sus raterías a salvo, en Islas Caimán.

- También quiere que el pueblo exprese sus ideas. Mismas, que él desechó en su oportunidad para gobernar, cobijado por la bola de ratas priístas que componían el congreso, para beneficio de él y sus amigos. O cómplices, porque dudo que tenga amigos.

- Y también panistas. Acuérdese del “jefe” Diego. Oiga, ¿qué pretende con estas ideas vertidas en su nuevo libro?

- Tal vez congraciarse con el pueblo, sabedor que es en la actualidad el personaje de la política más odiado de todo México.

- Por eso le digo que hay que instituir el premio a la hipocresía.

- Por favor, profesor. ¿Qué caso tiene?. ¿Quién querría competir contra él por tal “honor”?. Ya ganó de calle al que sea. Al propio Marcial Maciel, incluso.

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