Como sucedió con Vicente Fox, en su etapa terminal como mandatario cuando la priísta Dulce María Sauri denunció públicamente la adicción de aquel a los calmantes porque sufría de fuertes depresiones, no me queda duda alguna acerca de la crisis emocional y al desequilibrio emocional que está padeciendo Felipe Calderón en esta hora cuando todo parece ponérsele de cabeza y además se descubren sus intenciones. ¿Cómo es, por ejemplo, que tenía pruebas de la presencia de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera en los Estados Unidos?¿Únicamente a partir de que su mujer dio a luz en Los Ángeles sin suponer que el marido se resguardaba en otro sitio aunque no asistiera al parto? De ser así, no sabe una palabra sobre la manera cómo actúan los criminales lo que es grave per se en su condición de “comandante supremo” de las fuerzas armadas –todo en minúsculas, por favor-.

Lo peor del asunto es su confirmación sobre los movimientos del gran capo del sexenio, “El Chapo” claro, con quien pretendió negociar al arranque de su administración, a través de Juan Camilo Mouriño y José Luís Santiago Vasconcelos -los dos muertos en un “accidente” absurdo y poco creíble pese a las “habilidades” de Luís Téllez Kuenzler, entonces secretario de Comunicaciones, quien hizo las veces de Ministerio Público solicitando al señor Calderón que NO interviniera la Procuraduría General en las indagatorias como asentamos en “2012: La Sucesión”-, esto es lo mismo de lo que hoy acusa a “los priístas”, generalizando, aduciendo que siguió la sentencia del rencoroso ex gobernador neoleonés Sócrates Rizzo –a quien ni siquiera mencionó en la entrevista con The New York Times-.

Resulta que Calderón está muy seguro de que “El Chapo” está en Estados Unidos, lo cual facilita enormemente las cosas para la Secretaría de Seguridad Pública al trasladar la responsabilidad a sus “colegas” norteamericanos. Pero, ¿cómo puede confirmar la especie, sobre todo ante las autoridades estadounidenses y los periodistas de la fuente, en gira por aquel país además, sin aportar datos precisos que lleven a su captura y aduciendo que ello ya es responsabilidad del gobierno vecino? Tan sencillo como eso. Una lavada de manos al estilo de Pilatos.

Y no sólo eso, al mismo tiempo advirtió que el célebre multimillonario y jefe de la mafia, el propio “Chapo” se entiende, deambula entre Durango, Chihuahua y Coahuila, sin explicar cómo es que se han invertido millones de pesos en la construcción de centros y búnkers con alta tecnología y no han sido capaces de ubicarlo, como corresponde a la Secretaría de Seguridad Pública, no al Ejército ni a la Marina en funciones policiacas que no les corresponden. Sencillamente absurdo.

Seguimos. Para nadie es un secreto el estado físico en que se encontraba el mandatario durante la inauguración de los Juegos Panamericanos en Guadalajara, ya por la noche. Arrastraba las palabras y sus articulaciones pastosas revelaban en un estado, digamos, “de gracia o, cuando menos, gracioso, como cuando no puede evitarse, por adicción, la ingesta de bebidas alcohólicas. Así de claro para que luego salga la vocera Alejandra Sota, a decir que ella jamás se ha emborrachado con el mandatario. Así lo esperamos, cuando menos.

Lo grave es que las incoherencias prosiguen todos los días y el único alegato para salir en defensa del mandatario es que no puede acusársele porque responde preguntas de los medios. No es así. Si el señor Calderón contesta preguntas y confirma sospechas, puede incurrir en conductas delictivas –por ejemplo la difamación, la calumnia o el daño moral-, de acuerdo con sus respuestas. No puede alegarse, de modo alguno, que tal coarta la libertad de expresión. Tal es una perogrullada monumental. Porque si hace acusaciones, contestando las interrogantes, ello significa que debe proceder en consecuencia. En su calidad de funcionario público, de acuerdo con la legislación mexicana como comentamos ayer, tiene la OBLIGACIÓN de denunciar un delito cuando tiene conocimiento de ello. Y tal ha expresado el propio mandatario, aunque sea a pregunta expresa, de “los priístas”, sin hablar de que él mismo y su antecesor, panistas, hicieron otro tanto como ha confirmado Vicente Fox en los Estados Unidos, claro.

No tiene sentido alguno, por tanto, argüir que sólo responde a la prensa defendiendo con ello la supuesta libertad de expresión, si luego elude los efectos de sus palabras escudándose en una vocera por demás torpe y acorralada. Ésta es la peor parte de su desorden personal que, por el momento coyuntural que vivimos, cobra excepcional relevancia considerando, además, las asechanzas del exterior, tanto bélicas –a través de las tropas estadounidenses que se han ido infiltrando lenta y simuladamente a nuestro país- como económicas en espera de una nueva tormenta recesiva que, por el momento, parece detenida artificialmente; lo indudable es que, para reducir la deuda norteamericana el grifo de los empréstitos está cerrado y lo estará a lo largo, cuando menos, de 2012, cuando aprieten los intereses y cálculos electorales.

Jamás un gobierno, ni siquiera el de la pareja ex presidencial, nos había puesto en tamaño predicamento. Ni actuaba bajo el peso de los constantes traspiés con un mandatario de medio tiempo que, por las tardes, fuera de sí, puede ordenar cuanto le dé la gana, autoritariamente, aunque luego pretenda rectificar. Es la hora más oscura del presidencialismo autoritario. Cincuenta mil víctimas civiles, nada menos.

Debate
¿Y Antonio Solá, el español con nacionalidad mexicana otorgada discrecionalmente por el señor Calderón, acaso como pago a sus maniobras en Coahuila y Michoacán? El hombre está seguro de ganar, además, en España, el próximo 20 de noviembre, con la casi segura vuelta del Partido Popular al poder. Y luego le sigue en Guatemala, en Haití y en donde pueda asegurar el destino de candidaturas turbias. De verdad, me impacta descubrir que este columnista es el único en dar seguimiento a este tema aun cuando se evidencia el riesgo que conlleva la presencia del inventor del “peligro para México” en 2006. ¿En dónde están los legisladores opositores para airear el espinoso caso de Solá?

Si de reconquista hablamos, Solá es una especie de nuevo Hernán Cortés privilegiado por las encomiendas de la nueva aristocracia mexicana que le anima a actuar sin límites, mucho menos los de la ley, en aras de salvaguardar la sagrada continuidad panista en el poder. Solá sabe lo suyo, que es mucho, y nadie lo ataja. Naturalmente, con su nueva “nacionalidad” el hispano experto en marketing político ya no puede ser declarado persona non grata a menos de que pierda su mexicanismo de escaparate por cuenta de un Congreso anclado en la superficie y penosamente tolerante ante personajes de esta talla.

¿Y el PRI y el PRD no han visualizado cómo contrarrestar las alevosas estrategias de Solá? Es como si, por ejemplo, los equipos que compiten contra el Barcelona, en vez de atajar a Messi le dieran todas las facilidades para golear, incluso retirando al portero para evitar que resultase lastimado por los bombazos del argentino. No hay quien lo marque, pues, ni quien lo contrarreste mientras, curiosamente, se descompone el país, poco a poco, como parte de la fórmula para sembrar terror y asegurar un abstencionismo tal que posibilite, en corto, el manejo de los escrutinios para salvaguardar al candidato de Calderón.

Por último, ¿nadie se ha puesto a pensar en lo que pueden dañar las redes sociales si se desata una sicosis durante la jornada electoral, al estilo de lo que ya ocurrió en Puebla y Veracruz, entre otras entidades, convertidas en los laboratorios del terrorismo cibernético?


La Anécdota


Encontré, comiendo en el Bife Bistro del Camino Real, al precandidato panista, Ernesto Cordero Arroyo. Le acompañaba sólo su esposa, Cristina Keller, de profesión arquitecta, a quien conoció en el ITAM –semillero de romances por lo visto-, mientras el hoy aspirante estudiaba Actuaría.

Me acerqué a su mesa y le saludé. Él, de pie, conversó brevemente:

--Usted dijo cuando nos vimos hace más de un año –comenté- que cuando llegara el momento estaría allí.

--Y aquí estoy. Y voy a ser presidente. Ya lo verá.

Su esposa asintió y yo me despedí, presuroso:

--Como sé que son muy pocos momentos en los que ahora pueden convivir, los dejo tranquilos. Que tengan una buena tarde.



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