» PRI-PAN-PRD: Jaque mate a Elba
» Fue segunda expulsión del tricolor


A mi hermano David Colmenares y a la memoria de su madre Elenita

Sin tiempo para nueva alianzas, confiada en su propio poder supremo y arrogante como siempre en la política, Elba Esther Gordillo se encontró finalmente aislada en el escenario político: La ruptura de la alianza con el PRI la dejó sin complicidades de impunidad para el próximo sexenio.

Hábil en el manejo de los tiempos políticos, sensible en sus pasos en el poder y segura de la fuerza del magisterio como ejército electoral de mapaches, Gordillo se quedó flotando en el aire: Se peleó con el PAN y Calderón cuando vio mejor posicionado a Peña Nieto e inclusive delató negociaciones privadas, se alió al PRI subordinando a Peña Nieto y confiando demasiado en el padrinazgo del ex presidente Carlos Salinas y desdeñó al PRD por López Obrador.

Pero sin las alianzas con el poder real, la fuerza política de la señora Gordillo se convierte en humo: Suficiente para causar molestias respiratorias pero inaprehensible como dominio real. El hecho de que la ruptura con el PRI convierta en casi imposible las posiciones senatoriales para su hija y su yerno indica el hecho de que el ejército magisterial perdió su potencia política tangible y disminuyó las posibilidades reales electorales del Partido Nueva Alianza.

El golpe del PRI a Gordillo puso al Panal en la lona del cuadrilátero político. Pero también demostró la debilidad de Peña Nieto en el PRI, a pesar de haberse quedado casi con todas las posiciones ejecutivas pero con rebeliones internas que podrían repetir los escenarios priístas internos del 2000 y el 2006. Sin la alianza con Gordillo, Peña Nieto perdió un brazo político dentro del PRI. En mes y medio, como lo apuntó en su momento Indicador Político, el nuevo dirigente del PRI Pedro Joaquín Coldwell rehizo las alianzas externas del partido con miras a evitar rebeliones y fracturas internas.

Lo malo, para la biografía política de la señora Gordillo, fue el hecho de que la ruptura de la alianza PRI-Panal 2012 representó su segunda expulsión del PRI; en julio del 2006, luego de la derrota de Roberto Madrazo como candidato presidencial, la Comisión Nacional de Justicia Partidaria del PRI notificó a la señora Gordillo que estaba fuera del partido por haber pactado como priísta con el candidato presidencial panista Felipe Calderón.

Arrogante, la señora Gordillo asumió la alianza PRI-2012 como una victoria sobre el PRI que la expulsó, aprovechando la presidencia del profesor Humberto Moreira; los priístas guardaron disciplina ante la alianza pero comenzaron a presionar internamente a Peña Nieto para entender que Gordillo representaba un desprestigio político, como la crítica mediática se encargó de potenciar. La salida de Moreira facilitó la ruptura de la alianza.

Lo malo para la señora Gordillo fue que afianzó la alianza con el PRI después de una conferencia de prensa en la que delató los compromisos políticos con Calderón y el PAN, lo que por cierto la convirtió en poco confiable para asumir débitos delicados que deben guardarse con discreción. Pero al criticar a Calderón, Gordillo rompió los puentes de regreso, aunque la ruptura con el PRI también demolió los puentes de ida; así, Gordillo se quedó en un puente destruido en sus dos rutas de escape, con un río de rápidos de corrientes traicioneras.

El problema político de la señora Gordillo fue asumir el Panal como una oficina de alianzas electorales, no como un partido político real. Como no puede convertirlo en un partido magisterial porque la ley impide los partidos corporativos, entonces el Panal quedó también aislado en el juego de partidos. Al final, sus prioridades tendrán que reducirse a su mínima expresión: colocar a su hija Mónica Arreola en el Senado obligaría al Panal a tener por la lista plurinominal a la cámara alta alrededor de un millón de votos (2% de votación efectiva); por la novedad, en el 2006 tuvo 1.6 millones de votos --4% de los votos-- y sólo pudo meter a un senador, el entonces secretario general del SNTE, Rafael Ochoa.

En este contexto, la ruptura del PRI con el Panal fue el primer aviso del fin del ciclo Gordillo en la política mexicana porque su fuerza sindical no estaba en el manejo arbitrario de las cuotas sino en los espacios de poder real con los gobiernos en turno. El mensaje del PRI de Peña Nieto fue contundente por la alianza del Panal con el PRI en la elección de gobernador del Estado de México, con el aval del ex presidente Salinas de Gortari.

El otro efecto colateral de la pérdida de la alianza para la impunidad con el PRI 2012 se resentirá pronto en el sindicalismo magisterial que es la fuente del poder político corporativo de la señora Gordillo. En 1989 Gordillo ascendió al liderazgo del SNTE por el golpe del presidente Salinas contra el líder Carlos Jongitud Barrios por usar el poder de sindicato oficial del sector público contra el presidente de la República; hoy Gordillo ha reproducido el modelo Jongitud al erigirse en presidenta vitalicia y usar el poder contra el Gobierno federal.

Sin el apoyo del gobierno federal y sin alianza con alguno de los tres partidos con posibilidades de llegar a la Presidencia de la República, el poder real de la señora Gordillo se reduce a su propia capacidad de control pero con avances del sindicalismo magisterial disidente e independiente. La reforma del sector educativo, para hacerlo pasar de aparato de control sindical de los maestros del Estado y de aparato de control ideológico priísta a un sector dinámico y sin dependencia del modelo político del PRI, pasa justamente por la liquidación del SNTE como estructura político-sindical.

Al quedar abandonada a mar abierto y sin lancha salvavidas, la señora Gordillo parece acercarse a su fin político luego de haber controlado casi un cuarto de siglo en sindicato magisterial, sin duda uno de los últimos dinosaurios del viejo régimen político priísta. El PRI de Salinas la inventó y parece que el PRI de Salinas-Peña Nieto le dio la puntilla.