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Dalia Reyes
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14 Diciembre 2016 04:00:00
Propuesta soñada
Si encontrásemos la belleza en el presente, muchos suicidios evitaríamos. No hablo en sentido figurado sobre esto, es más propuesta que ensoñación.

Junto con la petición implicada en este texto evidenciaré mi ignorancia sobre lo que existe fuera de mi caverna personal, pues no imaginé la cantidad de personas que invierten su vida y nuestro dinero en estudiar lo que a nadie es útil.

Hace algunos días participé en un importante encuentro nacional sobre problemas para la enseñanza del español. Mi corazón palpitaba como loco al saberme afortunadísima de estar presente en donde un grupo de estudiosos de la literatura vertería todo su saber, saber cultivado en las más importantes universidades de nuestro país. Y ándale que me resbalé.

Nada digo del profundo conocimiento atesorado por una gran cantidad de maestros mexicanos, lo único que discuto es la funcionalidad de ello. Ustedes me darán la razón cuando les cuente los temas de sus estudios: El uso del participio verbal en la poesía del Renacimiento; los diversos significados de la palabra “bicho” estudiada en los diccionarios de 1789; de cómo los artículos periodísticos tienen el argumento en la primera línea.

He cambiado algunos términos para proteger a los inocentes, pero luego de conocer sus empeños –y saber que yo de plano escribo cualquier cosa menos artículos periodísticos- ya comprenderán la causa de mi tristeza cuando observamos que quienes tienen la información –y los recursos- al dedicar su vida a los asuntos académicos, habitan en el limbo de las entelequias, y los problemas para la enseñanza del español les importan un bledo –bledo: Del latín “blitum”. Cosa insignificante, de poco o ningún valor-.

Mucha leña aporta al problema el hecho de la élite intelectual que conforman ciertas universidades. Sus integrantes, con docta certeza, se asumen como los propietarios del saber decimonónico y ni siquiera se percatan de cómo la vida bulle fuera de sus campus con una realidad muy otra a la de los sustantivos propios contenidos en El Decamerón.

Hace un par de años, una chica de Nuevo León determinó suicidarse por la profunda tristeza que le causaba la lectura de ciertos poemas trágicos, cuya realidad literaria le parecía la única, así como consideraba que la belleza posible estaba sólo entre autores del Romanticismo. Es decir, ella consideró que nada podía fabricarse con el presente que tenía entre las manos, pues los materiales disponibles quedaron años atrás.

Ya, en serio, señoras y señores, no es justo que millones de profesores –muchos de ellos, por suerte, también presentes en el encuentro- nos acabamos las horas y los minutos por mejorar la realidad de otros tantos jovencitos escuelantes, mientras un montón de literatos presentes y en cierne se cortan las venas por los versos de Safo y Anacreonte, ignorando que puede haber mucho más dolor en el corazón de un muchacho de secundaria.

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