Ésta es una carta de total amor, de solidaridad fraterna y de urgida reciprocidad. Varias de las horas más felices de mi vida han transcurrido en Tlacotalpan, allá, a la orilla del río Papaloapan. Allí me han atendido, allí me han recibido y allí me han agasajado. Ahora me entero de que Tlacotalpan está inundado. Esto para mí es una gran congoja. Ese pueblito a la orilla del río era para mí lo más cercano al Paraíso de todos los lugares que conozco. Mientras otros amigos planeaban sus viajes a Canadá, a Europa, a la India, mi amigo Vitico y yo decidíamos si esta vez sería en coche, o sería en avión, o sería en autobús. Había todo un océano de posibilidades. Las más de las veces, la selección era terrestre y de lo único que nos arrepentíamos era de la salida a Puebla, que es un tormento inenarrable. Si en la eternidad de eternidades, Dios, por pura puntada, anunciara: “Condenados, mañana de 9 a 11 de la mañana, podrán salir todos aquellos que estén en el Infierno”. ¿Se imaginan? En todo el mundo se iba a armar el Rosario de Amozoc y hagan de cuenta de que un millón de cristianos iban a salir libres, serían como dos millones los que morirían apisonados por la masa que se va a abalanzar contra las puertas. Por cierto, no me hagan mucho caso pero, al parecer, una de estas puertas está a cargo del mismo babas que cuidó la puerta del “New’s Divine”, así es que pónganse buzos caperuzos, no vayan a morir por segunda vez. Ya sería choteo. Tómenlo con calma. Si esta vez no alcanzaron a salir, la próxima, que se calcula para dentro de diez millones de años, yo les aseguro que estará más viable y despejada.

Por lo pronto, hoy Tlacotalpan,
mi Tlacotalpan, está inundada y, aunque es pueblo pescador y ribereño, no tiene la costumbre de que el agua se meta en sus casas. Vitico, que es el cronista de lo que ahí ocurre, de lo fasto y lo nefasto, nos reporta: “...que ahora sí, ya nos cargó el pintor...” La verdad, es que todavía no nos ha cargado, pero como que se le siente.

Tengo 66 años y no recuerdo una temporada de lluvias tan maciza, constante y duradera. Cuando, por algún milagro celestial deja de llover en todo un día, hay campanas de fiesta en mi corazón.

La policía, según me reportan
mis agentes ahí destacados, aprovechó el buen tiempo del domingo para darle el apañón a "La Barbie" que tiene tipo de señor decente (creo que ayudaba en misa de doce). Todos los cuicos están muy contentos y todos decían que la aprehensión de “La Barbie” era el resultado de un largo trabajo iniciado en 1974 por su corporación. Éste fue el año del primer delito de “La Barbie” cuando sustrajo todas las donas de la escuela “Chucho el Roto” que, a la sazón, infestaba después de múltiples expulsiones. Y ya voy terminando. El trabajo y Jaime Sabines me reclaman. Me parece muy bien que hayan pepenado a “La Barbie” y también me da mucho gusto que Felipe Calderón, en un gesto entre circense y bíblico, se haya aventado a caminar sobre las aguas, cosa que no logró, pero tampoco se hundió y así se la llevó un kilómetro. Nos tenía a todos with the Jesus in the mouth. Todo resultó bien y, salvo la pulmonía cuata que muy probablemente le dé a nuestro Mandatario, en este país todo marcha.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCCCXCII (1892)
MONTIEL.
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