¿Qué pasará cuando adopten, dos hombres o dos mujeres, a un niño o una niña? ¿Corre peligro dentro de esa relación? ¿Están predestinados a ser homosexuales? ¿Pueden educar adecuadamente a esos niños o niñas? ¿No se convertirán en pervertidos, o no irán a abusar de ellos? ¿Crecerán con conflictos de identidad derivados de las imágenes parentales? Estas son las preguntas que más preocupan a las buenas gentes que han crecido en un mundo en donde la idea del matrimonio era constituirlo con fines reproductivos y solamente entre un hombre y una mujer. En 2005, Juan Pablo II observaba que los intentos por redefinir el matrimonio incluyendo a las parejas homosexuales “contradicen la recta razón” y crean “una comprensión falsa de la naturaleza del matrimonio”.
Lo que más asusta, a usted y al Vaticano, no es sólo el que las parejas de hecho puedan casarse, sin importar el sexo, sino el permitirles adoptar menores de manera conjunta. La respuesta popular no cree que sea posible que una pareja homosexual pueda darle un adecuado ambiente familiar a un niño, pero aún no hay un solo estudio científico sólido que pruebe, sin lugar a dudas, que estos matrimonios sean perjudiciales para los pequeños. Por el contrario, los expertos en la educación de niños de la Academia Estadounidense de Pediatría, de la Asociación Psiquiátrica Americana y de la Asociación Psicológica Americana insisten en que es el amor y el compromiso de los dos padres lo más decisivo para la correcta formación de los niños, no el sexo o la orientación sexual de los padres.
El tema obliga también a tomar posiciones sobre si la homosexualidad es una enfermedad, si es una degeneración o atenta contra Dios. También incrementará la discusión sobre el origen de la homosexualidad, y en esto hay dos posturas, irreconciliables aún: una, la llamada del “cerebro rosa”, dice que la homosexualidad es un conflicto, de genes o de hormonas. La otra postura defiende el origen ambiental de la homosexualidad y propone que es una decisión, tomada por la misma persona o bien obligada a tomar por personas significativas. Para los defensores de la teoría del cerebro rosa hay una noticia buena y otra mala: la buena es que la etología ha comprobado que las conductas homosexuales son instintivas y se dan prácticamente en todos los mamíferos, en especial cuando la especie está sobrepoblando su hábitat, es decir, es una política natural de control natal.
La mala consiste en algunos descubrimientos en el mundo de los neurotrasmisores.
Rainer Schwarting, psicofisiólogo de la Universidad de Marburgo, dice que antes del parto, en el cerebro del feto acontecen fenómenos decisivos. Llegan minúsculas cantidades de testosterona que si actúan adecuadamente en el desarrollo del encéfalo, el cerebro será masculino. Sin esta hormona, el cerebro será femenino. ¿Y cómo puede la testosterona conformar un cerebro masculino? Eliminando neuronas sobrantes y protegiendo neuronas de ciertas partes del cerebro, por ejemplo del hipotálamo, que tiene una importancia capital cuando un macho corteja a una hembra o copula con ella. Si esa zona se resiente, decae la conducta de apareamiento del macho, aunque permanezca su interés hacia la hembra. Es decir, el cerebro femenino (esté en un hombre o en una mujer) no hace tender hacia la homosexualidad, sino hacia conductas más pasivas durante el cortejo sexual. La conclusión es que la baja de hormonas masculinas lleva al hombre a tener características femeninas, no homosexuales, lo cual de ningún modo es lo mismo.
La discusión no debe satanizar una forma de matrimonio que aún no ha demostrado sus posibilidades ni sus defectos. Es seguro que el amor, el respeto y la prudencia es lo que va a permitir que los hijos de los matrimonios de nueva estructura obtengan el debido equilibrio personal y desarrollen adecuadas potencialidades que les permitan tener las competencias necesarias para enfrentar con éxito su vida futura. No juzguemos sin tener la información necesaria ni tomemos partido basados más en nuestros temores personales que en la realidad. Porque no debemos conservar la tradición a costa de mantener las barreras de la desigualdad y la discriminación, ignorando los nuevos datos de la ciencia.
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lic. pedro al igual que el lic, carlos y que todas las personas con inteligencia emocional estoy a favor de la paz y no le deseo el sufrimiento a nadie al igual que usted y de todas las personas que se preocupan por el bienestar social. le deseo siga escribiendo sus comentarios
No pensaba volver a escribir ni opinar en este espacio, pues vuelvo a darme cuenta que mi opinión causó quizá molestia en algunas personas. Sin embargo les agradezco que lo hayan hecho. El tema que de alguna manera detonó, por decirlo así es muy incómodo para algunos. Hace unos días este mismo tema fue también motivo de comentarios, inclusive homofóbicos por parte de el conductor de Televisa Estebán Arce. Al parecer y espero equivocarme de nuevo como ser humano que soy, no importa la profesión que se tenga pues antes que nada soy un ser humano, con virtudes y defectos, quizá más errores y uno de ellos y lo asumo y lo acepto es haber opinado y que esta opinión fuera tomada como una ofensa para alguien que es querido y respetado en Saltillo. El Lic. Carlos no tiene culpa en esto y lo reitero, mis respetos. Es lamentable que este tipo de comentarios surjan y se tome como personal una opinión pero más lamentable cuando se dán en una época dificil, donde la única tolerancia a las diferencias es en época decembrina cuando mucha gente desea lo mejor a los demás. A veces el ser humano cree que lo que no le gusta o tolera es malo. Mi opinión para el Mtro. Pedro no fue del todo “Buena” ni para quien se hace llamar “Miranda” . Una persona que trabaja en el medio deportivo está entre la vida y la muerte, sin embargo trabaja para una empresa que en lo personal no es de mi agrado, sin embargo lo que le pasó no me hace feliz, me apena y me entristece, porque sé ser tolerante y repetuoso. Si para el Mtro. Pedro y para “Miranda” aplaudir y vitorear todo lo que escriba en los medios sin cuestionarlo es lo “bueno” por llamarlo así y quienes se atreven a cuestionarlo somos los “malos”, entonces si cometí un error, cuestionar a mi colega, opinar de más en un medio que no es para esto y sobretodo quedar “mal” ante el Mtro. Pedro y “Miranda”. Si, no tengo autoridad Mtro. Pedro, si “Miranda” no soy adulto, y como dice me ganó el niño, pero prefiero ser ese “niño” porque en el niño es paciente y tolerante. Si Usted cree que debo tener “aguante” y que es mi deber como psicólogo la invito a que con pruebas contundentes me demuestre cómo debo conducirme como psicólogo. Estoy a sus órdenes si en verdad cree que está en lo correcto y que en realidad no actué como debería.
Una disculpa a los lectores del Zócalo por haber sido inoportuno
lic.sergio si en verdad usted es psicologo conteste como adulto al maestro pedro los psicologos deben tener mas aguante y no molestarse de cualquier cosa a mi el maestro no me parece irrspetuoso y a usted le gano el niño no ok. TRANQUILO .
Lic. Sergio. De los debates es donde se aprende, claro los que no manejamos un tema, y usted no haga caso, siga enriqueciéndonos con sus comentarios y a los que se molestan, pues no hay que hacerles caso.
Para el Mtro. Pedro:
En ningún momento estoy ·juzgando” a mi colega psicólogo,sólo quiero aclarar que en psicología no debemos generalizar n i suponer que está pensando o sintiendo el Otro. Claro que hay bases científias y filosóficas sobre la homosexualidad. La homosexualidad en Grecia y Roma era algo común. ¿No ha leido “Memorias de Adriano” de Marguerite Youcenar? ¿De dónde saca Usted con todo respeto que estoy defendiéndome a ultranza? Creo y supongo que por el manejo de lo escrito en su opinión que es más “Papista que el Papa”, y si no es así una disculpa.
En ocasiones anteriores he opinado sobre lo escrito por mi colega y él en ningún momento ha replicado de esa manera como lo hace Usted, en ningún momento mi intención ha sido faltarle el respeto a mi compañero de profesión, como creo que Usted lo ha hecho conmigo. NO entiendo porqué su molestia.
Efectivamente No tengo autoridad, ni me interesa la autoridad ni el autoritarismo sólo vertí una opinión, pero si el opinar sobre un tema le molesta, entonces en este país no hay libertad y Usted está actuando de manera autoritaria al querer censurarme. He tenido colegas homosexuales, amigos homosexuales, he trabajado con homosexuales en Colectivos de Ayuda y Apoyo a Homosexuales así como con pacientes terminales de VIH y no me asusta tener trato con ellos,
Sin embargo y para NO causarle molestía Mtro. Pedro No volveré a Opinar en este medio y espero que en un futuro esta sociedad avance y sea más tolerante con quienes no piensan igual que las mayorias.
Para el Lic. Sergio García Jiménez: Creo que a usted tampoco tiene autoridad para juzgar de psicólogo bueno o malo a una persona que expresa un punto de vista, que a mi juicio, es acertivo y con bases científicas que seguramente han sido corroboradas por indicios empiricos.
Sólo me resta preguntarle, si en verdad no le asusta la homosexualidad al expresar que “creer que Yo le tengo miedo a la homosexualidad es una mentira” ¿Por qué defenderse a ultranza? Un saludo.
“Desde que te pintas la boca,
en vez de Don Juan, te llamamos
Juana La loca” Joaquín Sabina.
Estoy de acuerdo con la mayor parte de la opinión y de la manera en que se expone este tema, que puede considerarse como polémico y va en contra de “las buenas costumbres”.Sin embargo, no estoy de acuerdo con Usted cuando escribe “Lo que más asusta, a usted y al Vaticano” ¿Cómo puede saber qué es lo que a mi me asusta? ¿Acaso el Vaticano es un ser vivo? Yo sé que es lo que me asusta, me asusta que me extorsionen vía telefónica, me asusta la inseguridad que hay en el país y hasta me asusta la “voracidad” por decirlo así de los dueños de los bancos y de algunos políticos. La homosexualidad no tiene porque causar miedo. A un Estado como lo es el Vaticano creo que tampoco, porque como un ente geográfico creo que carece de sentimientos y emociones. Sin embargo, si utilizó Usted una metáfora creo que si es aceptable bajo esos términos; pero generalzar y creer que Yo le tengo miedo a la homosexualidad es una mentira. No soy homosexual ni metrosexual. Soy una persona común que piensa o al menos lo intento y no estoy de acuerdo en la manera con doble moral que se manejan muchos temas.en los medios de información y en la sociedad. Esta sociedad es discriminatoria no solo cuando “construye” sus zonas de tolerancia a las afueras de la ciudad para no se vea, por decirlo así dentro de la misma ciudad, sino que lo es cuando no acepta a una persona para brindarle una oportunidad laboral por no pertenecer al “grupo” de amigos, generación ó escuela.
La homosexualidad es un tema que causa un cierto tipo de molestia y estoy de acuerdo en que no se debe de satanizar, como dice Usted ni considerarla como una enfermedad. Sin embargo, creo que como psicólogo tampoco debe de hacer esas generalizaciones ni suponer que es lo que a mí me asusta y no me asusta, pues el buen psicólogo no hace generalizaciones de este tipo ya que no todos pensamos así, o ¿acaso los homosexuales que se dan tiempo de leer su columna se asustan de su propia homosexualidad?