Una de las discusiones más polémicas y de la cual la mayoría sabe casi nada es, sin duda, sobre la identidad de género. Solemos hacer una “ensalada” de conceptos para plantear nuestra postura y muchas veces las críticas y juicios son más fuertes que los mismos conocimientos.

No es igual la identidad de género que la orientación sexual y menos el rol sexual. La primera ha sido definida por los expertos como la convicción personal y privada que tiene un individuo sobre su pertenencia al sexo masculino o femenino. La orientación se refiere a la atracción sexual, erótica y amorosa que sentimos por personas de uno u otro sexo. Mientras que el rol es el papel de género (hombre o mujer) que la sociedad espera que hagamos o expresemos según lo establecido por las normas y reglas de conducta de una comunidad. Éste es muy fluctuante, ya que se sujeta a los cambios de la sociedad, que incluye desde la vestimenta, el peinado, profesión u oficio, hasta los deportes o pasatiempos que practicamos.

Cada uno de estos conceptos es independiente en su proceso y experimentación personal. Por ejemplo, una persona de sexo masculino puede identificarse como hombre y vivir su masculinidad vistiendo y cumpliendo con el papel social de varón, pero por orientación sexual puede ser homosexual.

EL GENESIS SEXUAL

La identidad de género se instaura entre los 18 meses y los tres años de edad. Hasta ese entonces los menores no saben lo que significa ser niño o niña, lo descubren y aprenden sobre todo del comportamiento de los padres. En la adolescencia aumenta la necesidad de reafirmar dicha identidad sexual debido a los cambios que el mismo cuerpo tiene, el joven requiere de asegurarse que éstos van por el camino “correcto”.

El rol sexual tiene su aparición desde antes del nacimiento. Algunas personas compran la ropa o decoran el cuarto en función del sexo del bebé, rosa para niña, azul para niños y lo mismo pasa con los juguetes. Esto genera, desde el momento en que llega el bebé, que su entorno le determine el papel que debe desempeñar de acuerdo con lo establecido culturalmente.

La orientación sexual de una persona puede cambiar a lo largo de la vida, aunque la más de las veces se establece desde la pubertad. La heterosexualidad es a la que la mayoría de las personas pertenecen y por la cual se da el proceso de reproducción de la especie, ese es el argumento por el cual es considerada la normal. Sin embargo, la homosexualidad, bisexualidad, transexualidad pueden expresarse desde la infancia a pesar de que el rol sexual y la identidad de género hayan sido “correctamente” desarrolladas.

Aún no existen estudios concluyentes sobre el origen y causas de la orientación sexual y menos de los trastornos, los cuales llevan a tener problemas con la identidad de género, pues ser biológicamente hombre o mujer hoy se sabe que no es suficiente para que la persona se sienta en armonía con su sexo y/o experimente atracción sentimental y erótica por el contrario.

TAREA KAMASUTRA

Mundialmente conocida, la posición del misionero es usada en la mayoría de las culturas. En El kamasutra ésta es una de las posturas de inicio del juego sexual, más no una de las más destacadas. Se le conoce con este nombre porque cuenta la leyenda que cuando los conquistadores europeos llegaron a tierras americanas se escandalizaron al ver que los nativos de esta parte del mundo mantenían relaciones sexuales en diversas posiciones, lo cual consideraron pecaminoso por la influencia religiosa de la época. Como parte de la evangelización, se reprimió el disfrute sexual y se redujo la práctica de la posición. En ella, la mujer se recuesta sobre su espalda, él se tiende sobre ella quedando ambos de frente. El hombre sitúa su cadera entre las piernas abiertas de su pareja y de esta manera se lleva a cabo la penetración.

Lo bueno de esta posición es que es una forma cómoda de hacerlo, permite el intercambio de besos y miradas. Da más libertad de movimiento al hombre. Lo malo es que puede llegar a ser aburrida y limita el movimiento de la cadera de ella.