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Monclova Coah.- QUE LA suerte de la fea, la bonita la desea…

ME ACORDÉ de Lupe, la que fue mi vecinita, al escuchar eso mientras veía la tele… sábado por la tarde y sin nada qué hacer.

ERA UNA tarde cualquiera, todas las niñas de la barriada jugando en la calle…

AGÁCHENSE… y vuélvanse a agachar… Las niñas bonitas se vuelven a agachar.

“¡TÚ NO te agaches, sapo… tú no!”

LUPE SE quedaba con las manos extendidas, tomada del resto de las niñas con las que jugaba a la ronda.

EL LABIO superior prominente por el puchero, el rostro moreno que se congestiona…

LUEGO LAS carcajadas de todos…

LUEGO EL consuelo de Rosita, de Mapy… de todas.

CIERTO, DADOS los estándares de belleza que tomábamos de las revistas americanas, de los anuncios grandototes que colgaban de los negocios, Lupe no era bella.

ERA MÁS bien fea…

Y LA crueldad infantil, que nada de inocencia tuvo en ese entonces, le hizo daño no pocas veces.

POR FORTUNA, siempre tuvo amigas que la reconfortaron.

LE DIJERON que los que de ella nos reíamos éramos unos mugrosos carretoneros, sucios e ignorantes… y ella lo repetía.

“SÍ, carretoneros, papeleros”.

Y ENTONCES se agachaba como todas las niñas bonitas.

LUEGO VINO aquella noche de julio…

ERA UNA noche de intenso calor veraniego, de zancudos agresivos que chupaban sangres y tranquilidades.

QUE PROVOCABAN las mentadas de doña Paz…

VINO ESA noche en que la sombra de Emeterio se coló por entre las plataneras…

SIGILOSAMENTE llegó hasta el cuarto en donde Lupe dormía.

TENÍA YA 14 años y Emeterio 24…

ENTONCES LAS luces de la casa se encendieron…

VINIERON LOS gritos y Emeterio salió en calzones, mientras Lupe gritaba.

“GRANDÍSIMO hijo de puta”, gritaba doña Chana, la madre de Lupe.

TRES GARROTAZOS y el tipo cayó al suelo.

LUPE lloraba.

PERO NO por mucho tiempo…

A LA semana mataron un puerco, Emeterio se casaba para reparar la honra y Lupe era la envidia de todas, con su vestido blanco.

POR TODO regalo nos pidió que los varones le cantásemos la ronda de las niñas bonitas…

Y LA cantamos, claro.

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