Saltillo, de los 38 municipios, junto con Piedras Negras, se han distinguido desde hace varios años por sus permanentes y constantes acciones y campañas para convertirse en las ciudades más limpias de Coahuila.
En los últimos dos años Ciudad Acuña ha entrado a este selecto grupo de las cabeceras municipales más aseadas y ordenadas de la entidad, reconociendo propios y extraños los esfuerzos para lograr este objetivo de sus alcaldes Jericó Abramo Masso, Óscar Fernando López Elizondo y Alberto Aguirre Villarreal, respectivamente.
Sin embargo, por desgracia en esas tres poblaciones sus habitantes no colaboran del todo, pues por más que se les insiste la recomendación de que procuren respetar los días previamente establecidos en las rutas de los camiones recolectores de basura y sea en esos días que deben sacar sus desperdicios para ser recogidos, siguen siendo muchos los socarrones y cochinones que lo hacen al revés, sacando sus desperdicios el día en que no pasan las unidades recolectoras, siendo ésta esparcida no sólo por perros callejeros, sino por personas que acostumbran esculcar las bolsas o cajas dejadas en las banquetas para llevarse lo que consideran les puede servir o reciclar, sin faltar el desparrame sobre las banquetas de lo que no les sirve o no les guste.
Lamentablemente muy a pesar de los esfuerzos hechos por dichos ediles para que sus comunidades luzcan limpias y ordenadas, hay quienes tienen que luchar contra la mala educación y costumbre de todos aquellos adictos a masticar chicles y que despreocupadamente cuando dejan de usarlo, lo arrojan al piso para convertir esas áreas en un horrible y mal visto “chiclerío” que da pésimo aspecto, en particular en las banquetas de las calles de sus respectivos centros históricos que son las áreas más visitadas durante el año por quienes llegan a esas poblaciones.
Las arcas municipales de Saltillo, caso concreto, han tenido que gastar cada vez más en su propósito de conseguir mantener una buena y bonita imagen urbana destinando recursos humanos y materiales para retirar en distintas ocasiones al año todo el “chiclerío” de las banquetas de las calles de su Centro Histórico.
Independientemente hay que tomar en cuenta el mal uso que se da al agua usada para, a base de lavado con jabón, pretender retirar o “desaparecer” los antihigiénicos chicles pegados en los pisos de esas banquetas, lo que no tiene positivos resultados porque para eso hay que hacerlo a mano y con espátula.
Hace años aquellos jóvenes, no muy jóvenes y adultos y muy adultos que eran encarcelados por cometer una falta al no respetar alguna de las reglas que contemplaba el reglamento del buen gobierno, como es el escandalizar en la vía pública, el de embriagarse también en las calles, por pandillerismo y otros delitos menores, eran castigados saliendo a las calles a barrer sus banquetas y cordonería.
¿Por qué no hacer esos trabajos de limpieza y el retiro de chicles a la antigüita? Es decir, que los violadores o infractores del bando municipal “aporten” algo de su esfuerzo a la comunidad, aunque ellos no hayan tirado ni “usado” los chicles. (http://www.intersip.com.mx)
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