Desde ese día y hasta su última columna el miércoles de la semana pasada el escritor y periodista escribió en sus textos una sección con ese nombre.
Hoy recordamos a Dehesa con el texto publicado el 12 de marzo de 2007, día en el que el conteo llegó al mil.
¿Qué tal durmió? M (1000)
Hoy es el aniversario. Hoy cumplimos mil llamados a la impávida justicia mexicana. Nadie responde, nadie contesta, nadie hace nada. La justicia duerme. Esto ha ocurrido mil veces.
En mil ocasiones hemos podido comprobar que a los señores que supuestamente administran la justicia, les valemos madre. Mil veces.
Mil veces me ofenden los que me dicen que ya le pare, que parezco un loco y que nunca nadie me escuchará. Me tienen, nos tienen que escuchar. Sin un fundamento ético, un país no tiene por qué o para qué existir. Como diría Tomás Moro, un hombre justo y de justicia: finalmente se trata de una cuestión de amor, porque si un amor no se asienta en la justicia, no es digno de tal nombre. Mil veces lo he dicho y al parecer nadie lo ha escuchado.
Mil veces denunciamos la complicidad y la omisión de todas aquellas “autoridades” que tendrían que haber esclarecido las muertes de las mujeres en Ciudad Juárez y nadie, salvo Guadalupe Morfín, la siempre enamorada, respondió algo. Con todo, el misterio de las muertas ahí sigue y su injusta muerte y la justicia que no han recibido infaman a todos aquellos que podrían, si hubieran querido, hacer algo. Nada hicieron; les pareció más importante su vida de ratoncitos políticos que aceptar la grandeza implícita en el hecho de luchar por la justicia. Mil veces los invité. Jamás acudieron y prefirieron la oscura fetidez de ser injustos.
Mil veces me he referido al ladrón ARTURO MONTIEL ROJAS. A él le bastó explicar que sus hijos eran muy inteligentes (falso) y que él había juntado algo de dinero fabricando “cocinas Quetzal”. Este pobre diablo, con su virilidad secuestrada por una filibustera francesa, pretendía ser presidente de México. En su pre-campaña gastó una millonada cuyo origen nadie averiguó y tiene tal cantidad de bienes, que con su libertad ofende a la decencia y a la ley. Sus gatos, Navarrete Prida que hoy usufructúa un premio de consolación que le dio este ratero y Enrique Peña Nieto, que actúa como si fuera gobernador, se han encargado de cubrirle las espaldas y de crear una tupida muralla de expedientes que pongan a la rata MONTIEL al resguardo de cualquier intento de hacer justicia. Y sin embargo, se mueve, decía Galileo. Y sin embargo, es ratero, digo yo.
¡Fallaste, manito!, me dicen los peatones, no pudiste con MONTIEL. Créanme que no es un pleito personal. A MONTIEL lo he visto sólo una vez en mi vida. Si no es conducido ante la justicia, no es que yo pierda; es que perdemos todos; pero no se preocupen, ese bandido será castigado. Me va la vida en ello. Mil veces lo he dicho.
Yo quiero mucho a Lydia Cacho. Me consta que es una mujer justa. Lo de Mario Marín y su conversación con Kamel Nacif es un absoluto escándalo que en cualquier otro lugar del mundo hubiera provocado la dimisión del Gobernador. Él sigue tan campante y me dicen que Felipe hasta lo apapacha. Marín es impresentable y ya tendría que estar en la cárcel, o, por lo menos fuera del Gobierno. Nada de eso ha ocurrido. Mil veces lo he señalado y mil veces se ha reído de la justicia este tonto inmenso cuya defensa corre por cuenta de su partido.
Después de Marín han seguido otros truhanes como Emilio Gamboa, o Manlio Fabio y los cuarenta ladrones que los rodean. Han ofendido impunemente a la justicia de este país y ahí siguen. Mil veces pueden ser acusados; mil veces librarán cualquier persecución. Y sin embargo, algo queda siempre de dolor. Mil razones para seguir insistiendo.
Mil veces hemos hablado a favor de que la justicia despierte. Lo diré por la vez mil uno: ¿qué tal durmió la justicia en México? Ya urge que despierte. Estamos enfermos gravemente de injusticia.
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