El 16 de abril del 2003, la columna de Germán Dehesa se tituló "¿Qué tal durmió?" pregunta que lanzó al entonces procurador Rafael Macedo de la Concha para saber si los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez le quitaban el sueño.

Desde ese día y hasta su última columna el miércoles de la semana pasada el escritor y periodista escribió en sus textos una sección con ese nombre.

Hoy recordamos a Dehesa con el texto publicado el 12 de marzo de 2007, día en el que el conteo llegó al mil.

¿Qué tal durmió? M (1000)

Hoy es el aniversario. Hoy cumplimos mil llamados a la impávida justicia mexicana. Nadie responde, nadie contesta, nadie hace nada. La justicia duerme. Esto ha ocurrido mil veces.

En mil ocasiones hemos podido comprobar que a los señores que supuestamente administran la justicia, les valemos madre. Mil veces.

Mil veces me ofenden los que me dicen que ya le pare, que parezco un loco y que nunca nadie me escuchará. Me tienen, nos tienen que escuchar. Sin un fundamento ético, un país no tiene por qué o para qué existir. Como diría Tomás Moro, un hombre justo y de justicia: finalmente se trata de una cuestión de amor, porque si un amor no se asienta en la justicia, no es digno de tal nombre. Mil veces lo he dicho y al parecer nadie lo ha escuchado.

Mil veces denunciamos la complicidad y la omisión de todas aquellas “autoridades” que tendrían que haber esclarecido las muertes de las mujeres en Ciudad Juárez y nadie, salvo Guadalupe Morfín, la siempre enamorada, respondió algo. Con todo, el misterio de las muertas ahí sigue y su injusta muerte y la justicia que no han recibido infaman a todos aquellos que podrían, si hubieran querido, hacer algo. Nada hicieron; les pareció más importante su vida de ratoncitos políticos que aceptar la grandeza implícita en el hecho de luchar por la justicia. Mil veces los invité. Jamás acudieron y prefirieron la oscura fetidez de ser injustos.

Mil veces me he referido al ladrón ARTURO MONTIEL ROJAS. A él le bastó explicar que sus hijos eran muy inteligentes (falso) y que él había juntado algo de dinero fabricando “cocinas Quetzal”. Este pobre diablo, con su virilidad secuestrada por una filibustera francesa, pretendía ser presidente de México. En su pre-campaña gastó una millonada cuyo origen nadie averiguó y tiene tal cantidad de bienes, que con su libertad ofende a la decencia y a la ley. Sus gatos, Navarrete Prida que hoy usufructúa un premio de consolación que le dio este ratero y Enrique Peña Nieto, que actúa como si fuera gobernador, se han encargado de cubrirle las espaldas y de crear una tupida muralla de expedientes que pongan a la rata MONTIEL al resguardo de cualquier intento de hacer justicia. Y sin embargo, se mueve, decía Galileo. Y sin embargo, es ratero, digo yo.

¡Fallaste, manito!, me dicen los peatones, no pudiste con MONTIEL. Créanme que no es un pleito personal. A MONTIEL lo he visto sólo una vez en mi vida. Si no es conducido ante la justicia, no es que yo pierda; es que perdemos todos; pero no se preocupen, ese bandido será castigado. Me va la vida en ello. Mil veces lo he dicho.

Yo quiero mucho a Lydia Cacho. Me consta que es una mujer justa. Lo de Mario Marín y su conversación con Kamel Nacif es un absoluto escándalo que en cualquier otro lugar del mundo hubiera provocado la dimisión del Gobernador. Él sigue tan campante y me dicen que Felipe hasta lo apapacha. Marín es impresentable y ya tendría que estar en la cárcel, o, por lo menos fuera del Gobierno. Nada de eso ha ocurrido. Mil veces lo he señalado y mil veces se ha reído de la justicia este tonto inmenso cuya defensa corre por cuenta de su partido.

Después de Marín han seguido otros truhanes como Emilio Gamboa, o Manlio Fabio y los cuarenta ladrones que los rodean. Han ofendido impunemente a la justicia de este país y ahí siguen. Mil veces pueden ser acusados; mil veces librarán cualquier persecución. Y sin embargo, algo queda siempre de dolor. Mil razones para seguir insistiendo.

Mil veces hemos hablado a favor de que la justicia despierte. Lo diré por la vez mil uno: ¿qué tal durmió la justicia en México? Ya urge que despierte. Estamos enfermos gravemente de injusticia.
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