(1 / 2) Querido amigo, querida amiga, ahora que pasas por esta noche oscura, donde todo es miedo, donde el dolor acecha, no tienes nada de qué sentirte mal o apenado.

Aunque no es consuelo, te sorprenderías saber lo común que es ya en nuestra sociedad. Y por eso ya no reaccionamos, pensamos que es “normal”. Viene de muchas formas, por muchas razones, pero el factor común es el miedo, la desesperanza, la depresión.

En cambio tú te das cuenta que no debe ser así, no te has conformado. No te conformas con vivir con miedo a la vida, al futuro, al presente. Sabes que no está bien cerrarse al mundo, a los demás.

El primer mensaje es que todo esto es parte de tu vida. El primer paso es darte cuenta y reconocer por lo que estás pasando. Como sabes, lo único que no puedes cambiar es el efímero suspiro llamado presente; es lo que debemos aceptar.

Aceptar exactamente lo que sientes en el presente. Aceptarte. Tendrás tiempo para lidiar con el pasado y con el futuro, pero si niegas el presente te niegas a ti misma, a ti mismo.

Por más difícil que parece, todo tiene su razón perfecta de ser, no hay errores, no hay casualidades, todo es perfecto.

Has sido una persona fuerte, llena de coraje, que ha cuidado a los demás, eres una persona buena, compasiva. No te has dado por vencido, al contrario, buscas tu salud, estar bien, salir de la oscuridad.

La pregunta entonces no sería ¿qué hago para ya no sentir miedo?, sino: ¿qué hago para sentir la luz?, ¿qué hago para vivir y expresar las emociones de mayor vibración?

Has llegado a este punto de tu vida, no por culpa de los demás, sino por lo que tú mencionas: “perdí mi auto-confianza, mi auto-estima, mi seguridad”... esto es normal cuando te culpas de todo, o cuando los demás, en su visión corta, te consideran a ti el culpable, la culpable. Date cuenta que, independientemente de las circunstancias, de nada te sirve cargar con culpas... es lo más inútil que puedes hacer, porque en lugar de brindarte opciones para actuar, te limita, te seca desde adentro. Libérate de tus culpas. Dios te libera, Dios te perdona, ahora resuelve perdonarte y soltar esa terrible carga.

No eres “Superman”, ni la “Mujer Maravilla”, nadie te ha pedido que vengas a salvar el mundo. La única encomienda que tienes es arreglar tu propio mundo. Te toca estar bien contigo misma. Es cierto lo que nos han dicho: “Para arreglar el mundo, arregla tu mundo interior”.
(Continúa mañana...)
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb