Pese a ello, la chica, perseguida por fotógrafos y reporteros como si trataran de dar caza a una presa emboscada, no se sintió desamparada. A Barcelona llegó la canciller de su país, María Fernanda Espinosa, quien se encontraba en Italia, para dar la cara por ella, al lado del embajador Nicolás Issa, y exigir a las negligentes autoridades españolas -quienes sólo reaccionaron cuando el escándalo salpicó las pantallas de televisión-, no sólo un trato digno para su adolescente compatriota sino, además, una profunda investigación sobre la creciente xenofobia en un país que no debiera olvidar cuantos de sus hijos emigraron, amenazados y atenaceados por la Guerra Civil por ejemplo, encontrando en Latinoamérica no sólo refugio sino también hogar y, en no pocos casos, riqueza.
Menos mal que detrás de la muchachita ofendida funcionó la diplomacia y no sólo se limitó, como la nuestra, a un intercambio superficial de notas de protesta que sólo enaltece, una y otra vez, a la impunidad bajo la cual se cobijan los “minutemen” de Arizona y no pocos agentes de la Border Patrol quienes observan a los “indocumentados”, la mayor parte de ellos mexicanos, como si se tratase de animales sin derechos naturales ni decoro humano. Anoten un dato, amables lectores: cada año mueren, cruzando la frontera, unos quinientos compatriotas nuestros. Más de uno por cada día. El recuento, sin embargo, no parece suficiente para que nuestra canciller o el embajador en los Estados Unidos, se apresten a defender la dignidad de cuantos son perseguidos por intentar encontrar oportunidades de trabajo.
La diferencia es abismal. ¿Cuánto fue que el Gobierno mexicano extravió la dignidad diplomática para someterse a los caprichos de los poderosos del norte? Hasta los sexenios populistas de Echeverría y López Portillo, los gestos de dignidad, con la exaltación de la Doctrina Estrada, repelían las insolencias de los fuertes y exaltaban la razón como principio toral de la difícil convivencia internacional, sobre todo con los Estados Unidos por cuanto deviene de las muy graves incidencias históricas -una secuela de invasiones, dos de ellas con ocupaciones territoriales sin sustento jurídico alguno, amen de las constantes infiltraciones que prohijaron, entre otras cosas, la contrarrevolución encabezada por el “chacal” Victoriano Huerta-.
Echeverría, según recordamos, no se sumó a la pretensión de Nixon de bloquear a la China de Mao exaltando a Taiwán, la “nacionalista” promovida por los financieros del occidente, y López Portillo mantuvo su correlación con sus colegas de la Casa Blanca remarcando las diferencias históricas notables. Luego vino el desastre con las veleidades de Miguel de la Madrid, el primero de los egresados de las universidades estadounidenses que arribó a la Primera Magistratura -así lo señaló, eufórico, Ronald Reagan con motivo de su primer encuentro formal en la frontera norte de nuestro país-, quien mantuvo su discurso en pro de la soberanía al tiempo que habilitaba ciertos acuerdos soterrados para ampliar las coberturas estadounidense en todos los órdenes. Fue éste, a no dudarse, el punto de no retorno.
Debate
Es cierto: Vicente Fox también tuvo, como hemos señalado, un rasgo de dignidad pero incapaz de sostenerlo. Con motivo de la invasión norteamericana a Irak, en 2003, la representación mexicana en la ONU, que en ese momento ocupaba la presidencia del Consejo de Seguridad, rechazó la propuesta belicista de George Bush Junior y no se dejó llevar por las zalamerías del entonces presidente del Gobierno español, José María Aznar, que ancló en México para intentar modificar el curso de los discursos y las querellas.
Lamentablemente, el señor Fox debió recular semanas después. Y fue por demás lastimoso, indigno diríamos, el cabildeo emprendido por él y sus operadores principales, incluyendo al entonces secretario de Relaciones Exteriores, Jorge Castañeda Gutman, para intentar resolver el asunto poniéndose de rodillas ante la Casa Blanca y arrastrando, de paso, el antiguo prestigio diplomático de México fundamentado en el principio toral de autodeterminación de los pueblos. Para servir a los vecinos del norte, ensoberbecidos en ausencia de contrapesos de nivel, Fox llegó al extremo de confrontarse con buena parte de los líderes latinoamericanos en una desproporcionada defensa de los intereses... estadounidenses. Las crisis con Cuba y Venezuela, más allá de los perfiles de los mandatarios de estas naciones, fueron demostración fehaciente de la lacayuna conducta del mandatario mexicano.
Así las cosas, cuando el Gobierno de los Estados Unidos, de manera unilateral, impuso a los mexicanos, y en general a los latinoamericanos, la obligación de ser “fichados”, con fotografías y huellas dactilares cada que se ingresaba a la Unión Americana, sólo reaccionó, con vigor además, el presidente de Brasil, Luis Inázio Lula da Silva, quien optó por aplicar la misma dosis a los turistas norteamericanos que llegaban a la nación carioca. Por supuesto, la administración de Washington puso el grito en el cielo, aun cuando se exaltaba el principio de igualdad jurídica entre dos soberanías, y deslizó la posibilidad de instrumentar bloqueos y presiones al gobierno de Lula descalificándolo. Finalmente, el mandatario brasileño no tuvo más remedio que recular al sopesar los costos, más severos para él y sus conacionales, que conllevaba la medida.
Lo interesante de la cuestión, en la línea del análisis del día, es la diferencia notoria entre el comportamiento de otros gobiernos latinoamericanos y el de México ante los abusos del fuerte. Y ello es más significativo en momentos como el actual cuando soplan con intensidad los aires xenófobos y se recrean, bajo la impunidad, quienes alientan el retorno a los escenarios fascistoides que creíamos extinguidos.
El Reto
Es interesante subrayar de nuevo que, pese a la xenofobia del jovenzuelo catalán, el trato dado a los inmigrantes, procedentes sobre todo de África y América del Sur, que llegan a España, destaca por su humanidad. Miles de destechados de Marruecos, Mauritania y Túnez, entre otros, cruzan el Mediterráneo ara alcanzar las costas ibéricas aun cuando en la travesía se pierden decenas de vidas. Pero en las costas les aguardan equipos médicos, psicológicos, de apoyo, listos a salvar y proteger a los ilegales basándose en los derechos humanos inalienables.
¡Qué diferencia con cuanto le ocurre a los mexicanos que cruzan la frontera y son considerados poco menos que piezas de cacería! En España, además, prolifera una campaña publicitaria a favor de los inmigrantes para sensibilizar a la población sobre cuanto éstos aportan a la economía del país. En cambio, en los Estados Unidos el debate se centra en si debe o no construirse el muro de la ignominia en la frontera. Cierto: La inmigración comienza a ser incontrolable en Europa por obra y gracia de los reacomodos económicos... pero ello no conduce a un trato xenófobo institucional como ocurre al norte de México.
http://www.rafaelloretdemola.com
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