Recordando la pirámide de Maslow (Abraham Maslow, “Una Teoría sobre la Motivación Humana”, 1943), en el siguiente orden, las necesidades del ser humano son fisiológicas, de seguridad, de afiliación, de reconocimiento y, por último, de autorrealización. Revisemos estos últimos dos niveles con mayor detalle. Maslow describió dos tipos de necesidades de reconocimiento, o estima como también se le denomina:
* La estima alta concierne a la necesidad del respeto a uno mismo, e incluye sentimientos tales como confianza, competencia, maestría, logros, independencia y libertad.
* La estima baja concierne al respeto de las demás personas: la necesidad de atención, aprecio, reconocimiento, reputación, estatus, dignidad, fama, gloria, e incluso dominio.
La merma de estas necesidades se refleja en una baja autoestima y el complejo de inferioridad.
El último nivel es algo diferente y Maslow utilizó varios términos para denominarlo: “motivación de crecimiento”, “necesidad de ser” y “autorrealización”. Son las necesidades más elevadas, se hallan en la cima de la jerarquía, y a través de su satisfacción, se encuentra un sentido a la vida mediante el desarrollo potencial de una actividad.
Maslow consideró autorrealizado a un grupo de personajes históricos: Abraham Lincoln, Thomas Jefferson, Mahatma Gandhi, Albert Einstein, Eleanor Roosevelt, William James, entre otros. Maslow dedujo de sus biografías, escritos y actividades, una serie de cualidades similares; estimaba que eran personas: centradas en la realidad, que sabían diferenciar lo falso o ficticio de lo real y genuino; centradas en los problemas, que enfrentan los problemas en virtud de sus soluciones; con una percepción diferente de los significados y los fines. En sus relaciones con los demás, eran personas: con necesidad de privacidad; independientes de la cultura y el entorno dominante; no susceptibles a la presión social; con sentido del humor no hostil; buena aceptación de sí mismos y de los demás; creativos, inventivos y originales; con tendencia a vivir con más intensidad las experiencias que el resto de la humanidad.
A la luz de estos ejemplos, y tomando la autorrealización como la consecuencia deseada del desarrollo humano, la pregunta que este columnista lanza (y que no pretende contestar) es la siguiente: ¿hasta qué punto la autorrealización depende del Estado y hasta qué punto es una responsabilidad del individuo?
Queda de tarea...
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