Señal inequívoca de que “lo peor ya pasó” es el balance (oficial) que en materia de empleo y sobre el primer semestre de 2009 divulgó ayer el INEGI, y del cual sobresalen los siguientes resultados: De junio de 2008 a igual mes del presente año, el desempleo en el país se incrementó 48.44 por ciento, una proporción equivalente a casi 772 mil mexicanos que se sumaron al ejército de reserva para totalizar 2.4 millones de personas en tan precaria situación; alrededor de 232 mil empleadores causaron baja, lo cual equivale a una caída de 10.7 por ciento; la tasa de subempleo llegó a 11.1 por ciento de la población ocupada, 61 por ciento más que doce meses atrás; dos de cada tres mexicanos ocupados (64 por ciento) no tienen acceso a las instituciones de salud, y, para redondear el escenario, la tasa de ocupación en el sector informal de la economía llegó a 28.12 de la población ocupada (12.2 millones). Si a lo anterior se añade el triste panorama que se vislumbra para 2010, entonces queda claro que la célebre cuan repetitiva frase del inquilino de Los Pinos, citada al inicio de estas líneas, no es más que una rotunda tomadura de pelo.

Mientras el desafinado Calderón le hacía al mariachi en Montevideo, el INEGI divulgaba los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo al segundo trimestre de 2009, de la que se toma la siguiente información: En ese lapso, la (población ocupada sumó 43.3 millones mexicanos (27.1 millones hombres y 16.2 millones mujeres), monto inferior en 522 mil personas con relación al reconocido en el mismo trimestre de 2008 cuando se ubicó en 43.9 millones. Más de la mitad de la población ocupada (53.1 por ciento) se concentró en las ciudades más grandes del país (100 mil y más habitantes); en localidades rurales (menores de 2 mil 500 habitantes) el 19.2 por ciento; en asentamientos de 15 mil y menos de 100 mil habitantes (urbano medio) el 14.6 por ciento, y el resto de los ocupados (13.1 por ciento) en localidades de 2 mil 500 a menos de 15 mil habitantes (urbano bajo).

Por sector de actividad, 5.6 millones de mexicanos (13 por ciento del total) se ocuparon en el sector primario; 10.4 millones (24.1 por ciento) en el secundario o industrial, y 27 millones (62.2 por ciento) en el terciario o de los servicios. El restante 0.7 por ciento no especificó su actividad económica. Los montos correspondientes que se presentaron en el periodo abril-junio de un año antes, fueron de 5.8, 11.2 y 26.6 millones de personas, en el mismo orden.

Si se considera a la población ocupada en función de la posición que tiene dentro de su trabajo, el balance es que más de dos terceras partes del total (66.1 por ciento), esto es, 28.6 millones, son trabajadores subordinados y remunerados; 10 millones (23 por ciento) trabajan por su cuenta, sin emplear personal pagado; 2.8 millones (6.4 por ciento) son trabajadores que no reciben remuneración, y 1.9 millones (4.5 por ciento) son propietarios de los bienes de producción, con trabajadores a su cargo.

En el segundo trimestre de 2009 la población desocupada en el país se situó en 2.4 millones de personas y la tasa de desocupación equivalente fue de 5.2 por ciento, contra 3.5 por ciento en igual lapso de 2008. En las zonas más urbanizadas del país (100 mil y más habitantes) la tasa de desempleo abierto llegó a 6.4 por ciento, mientras que en las de 15 mil a menos de 100 mil habitantes fue de 4.5; en las de 2 mil 500 a menos de 15 mil se ubicó en 4.2 y en las rurales de menos de 2 mil 500 habitantes se estableció en 3. Cifras desestacionalizadas, indican que la tasa de desempleo a nivel nacional se incrementó 0.70 puntos porcentuales con relación a la del trimestre inmediato anterior (5.56 contra 4.86).

Por otra parte, las entidades que durante el segundo trimestre de 2009 registraron las tasas de desocupación más altas fueron: Querétaro (8.1 por ciento de la PEA), Coahuila (7.8), Aguascalientes, Chihuahua y Nuevo León (7.2 cada una), Estado de México (7.1), Distrito Federal (6.9), y Tamaulipas y Tlaxcala (6.4 en cada caso). Y con “menor” desempleo: Guerrero (1.6), Chiapas (1.9), Oaxaca (2.3), Veracruz (2.7), Yucatán (2.8), Campeche (3), Morelos (3.2), Nayarit (3.4) y San Luis Potosí (3.6).

Las rebanadas del pastel:
Otra marca al tigre: “Solicité un crédito-nómina a Santander y la ejecutiva me lo condicionó a la compra de un seguro de convalecencia. El contrato especifica que en los primeros tres meses a partir de la compra del seguro no debo presentar la enfermedad, en este caso el tumor. En marzo de 2006 empiezo con zumbidos en el oído, acudo a hospitales del sector salud y particulares, me revisan los otorrinolaringólogos y sólo me recetan pastillas. Es hasta julio de 2006 que a sugerencia de una especialista el médico me pide los estudios de resonancia magnética, y allí aparece el “bicho”.

Después de la operación los estudios de patología indican que es un tumor benigno. En convalecencia me enjaretaron un seguro. Lo reviso y entonces veo que el tumor benigno sí entra en la cobertura del seguro. Intentar cobrar el seguro ha sido un peregrinar. En la Condusef la persona “conciliadora” antes de yo pudiera replicar lo dicho por el abogado de la aseguradora corto la reunión, me dio un documento que yo no entendía para que lo firmara, y enojada me dice “va a firmar o qué, porque estamos perdiendo el tiempo”. Y pues no lo firme. Mapfre-Tepeyac argumenta preexistencia porque la sordera ya existía antes de la contratación del seguro, pero en las cláusulas se especifica que preexistencia es “cuando se ha diagnosticado la enfermedad, se ha hecho algún gasto en medicamentos, existen evidencias, etcétera”. Y en mi caso es hasta que me toman las placas que el médico se da cuenta que es tumor y después hasta que patología entrega el estudio del “bicho” que es benigno” (Ángel Santos García Z., .(JavaScript must be enabled to view this email address))...

Una más: “Hace quince años contraté un crédito hipotecario en Udis con Banamex. El importe original fue de 100 mil pesos, y me dijeron que en 10 años, máximo, quedaría saldado. Empecé pagando más o menos mil 300 pesos mensuales, y ahora pago 3 mil 300, con el agravante de que ahora mi saldo es de casi 400 mil pesos, es decir una deuda impagable (como la de nuestro país) y menos tratándose de una persona como yo que he llegado a los 75 años de edad.

Por más que he tratado de razonar con Banamex ha sido imposible que “se compadezcan” (estoy soñando) y me propongan algo que me permita pagar una cantidad razonable antes de que pase a mejor vida, o sea de que “fenezca”. Según mis cálculos he pagado más de 3 veces la suerte principal, y sin embargo ahora debo casi cuatro veces más del préstamo inicial” (Gabriel Gardea Villegas, .(JavaScript must be enabled to view this email address)).

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