En el clima postconciliar, y aun durante el Concilio, la crítica, dirigida contra la Curia, contenía, principalmente, los siguientes deseos y pareceres: la Curia debería ser un órgano solamente administrativo y ejecutivo, y no debería funcionar como un foro prácticamente legislativo. La Secretaría de Estado es, sobre todo un oficio político, y no es justo que una instancia, prevalentemente política, tenga un papel demasiado importante en la Iglesia, ya que, según su propia esencia, sus funciones y sus estructuras necesitan de puntos de fuerza diferentes. Todos los funcionarios más importantes del aparato administrativo del Papa son Arzobispos sin Diócesis, aunque no tengan alguna función, para la cual se requiera la consagración episcopal. Este órgano dirigente de la Iglesia Universal, presenta todavía demasiadas características del gobierno de la Diócesis de Roma, en la cual cada Cardenal debe tener parte, en cierto sentido, aun si es Obispo residencial de una Diócesis propia, debiendo tener en Roma una iglesia llamada “titular”.
En esta situación, tuvo una gran resonancia la alocución de Pablo VI sobre la Reforma de la Curia Romana (21 de Septiembre de 1963). El Papa propuso tres vías: la transferencia a los Obispos de algunas facultades que, en el curso del tiempo, la Curia se había reservado para sí misma, la integración de un mayor número de Obispos residenciales como consejeros de las Congregaciones Romanas, el “Sínodo de los Obispos”, formado por Obispos representantes de las Conferencias Episcopales, reunidos ante el Papa (aunque no fuera de manera permanente). Además de todas estas propuestas el discurso del Papa a la Curia contiene muchas otras prospectivas. Como por ejemplo: Que la adhesión de la Curia al Concilio sea clara. “La hora es grande y sagrada, Nosotros, y los miembros de la Curia Romana, en primer lugar, debemos vivirla con profunda comprensión y corazón magnánimo. La primera expresión de esta “adecuación” de nuestro espíritu a la grandeza del futuro, debe ser la uniformidad de las voluntades…, la identidad de puntos de vista… Sin embargo, cualesquiera que hayan sido las decisiones del Concilio, es el Papa el que las proclama, el Vicario de Cristo. Es al sucesor de San Pedro (quien a ningún otro secunda) que la Curia Romana, reconoce como su Obispo, su Maestro, su Cabeza”.
| Comparte ese artículo: |
|



