- Lo mismo de siempre, profesor.
- Sí oiga, lo malo es que en la capital ya no sabe uno si son marchas, desfiles o peregrinaciones. De todas maneras no deja de ser un relajo.
- Recordemos que se trata de un pretexto.
- ¿Para qué?
- Para no hacer nada y echar relajo.
- Pues entonces se cumple el propósito.
- Ya ve usted: hay cosas que por lo menos de este tipo y aunque sea una vez al año se logran los propósitos.
- Ojalá se lograran los de dar mayor salud al pueblo, mejor educación, más trabajos…
- Está en México profesor. Esos milagros ya ni en la villa de Guadalupe se consiguen, menos en “los pinos”.
- Pues esto es cada vez más molesto y disparatado.
- Yo diría que muy adecuado.
- ¿A qué?
- Al festejo.
- Se festeja la revolución mexicana.
- Sí, una revolución que le costó a los pobres y ganaron los ricos.
- A poco.
- ¿A poco no? ¿Quiénes eran los revolucionarios, supuestamente?
- Francisco Villa, Emiliano Zapata, Abraham González, Pascual Orozco...
- Ellos pobres pobres pobres, no lo eran precisamente. Zapata tenía sus tierritas, Villa Robaba y no le faltaba nada, don Abraham era un hombre acomodado…
- Bueno, pero representaban a los pobres.
- También supuestamente. ¿Y quiénes ganaron? Madero, Carranza… que más que representar a los pobres representaban a los hacendados, por lo que Madero no cumplió a Zapata con lo del reparto de tierras ni hizo que regresaran los hacendados, sus amigos, las tierras a los indios zapatistas.
- Es verdad. Pero no todos eran hacendados.
- Dígame entonces, de los combatientes, quiénes llegaron al poder.
- Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas…
- O sea los que lucharon contra los revolucionarios.
- Pues sí.
- Y si la revolución ganó, ¿cómo es que los que llegaron al poder fueron los que acabaron con los soldados del pueblo?
- Ah caray. Está raro.
- Y en medio de ese relajo político, social e ideológico, ¿usted quieres festejos tranquilos y congruentes, profesor? No se mide.
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