¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
-Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...
-Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...
-Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
-Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
-¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
-¿Tanto como eso?
-Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos 12 años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
-¿Qué pasó con su familia?
-Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba 15 kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...
-¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
-De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: “El Principito”. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
-Y lo logró.
-Sí. fue como logré una beca para estudiar en Francia.
-¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
-Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
-Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
-Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
-Fascinante, desde luego...
-¡Es un momento mágico!... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al latir del hervor...
-Qué paz...
-Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
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