Y entre los que estuvimos ahí, llegamos a una conclusión…
Todos los que quieren ser alcaldes en los 38 municipios del Estado deben atender a la mayor necesidad que plantean los ciudadanos.
No, no se trata de seguridad…
No se trata de empleo… Ni de carestía…
Se trata de algo muy sencillo:
Se trata de un gobierno que le pueda cobijar.
Un gobierno en el cual se pueda reposar.
Un gobierno fuerte…
Hace mucho que el ciudadano no sentía la afrenta de tener por un lado el cerco de la inseguridad… Aderezada con leyendas sobre víctimas que se quejan y no son atendidas.
“A un amigo de un pariente le dijeron que mejor se arreglara porque ellos nada pueden hacer”…
Hace mucho que el ciudadano no estaba tan ofendido por el aumento tan descarado y escandaloso de la corrupción.
Amenazado por la inseguridad y perseguido por funcionarios y agentes de Tránsito que pretenden sacarle lo que con tanto trabajo se gana, el ciudadano común se encuentra inerme… Esa es la realidad.
Necesita una autoridad que no solamente le haga sentir seguro-segura…
Necesita una autoridad aliada, una autoridad que se ponga de su lado.
Por ahora hay un ciudadano que no tiene a quién recurrir, porque si bien el crimen organizado no tiene rostro… La autoridad sí lo tiene y lamentablemente la actual autoridad no da un rostro amigable.
Por eso, quienes pretenden ser alcaldes deben olvidarse por ahora de los discursos sobre la transparencia, sobre las grandes obras, sobre los proyectos trascendentales.
Se necesita, de manera urgente, un gobierno fuerte… Así, con “F” mayúscula, que haga creer a la ciudadanía que tiene la capacidad de imponer respeto, de marcar límites y devolverle al ciudadano su hábitat.
Acá, su humilde servilleta no veo todavía entre los que aspiran a las alcaldías a ninguno capaz de infundir esa sensación de “ahora sí, con éste van a ver los malosos y los corruptos”.
Nuestra agraviada sociedad quiere ver la luz… No un rayito de esperanza como el demagogo tabasqueño…
Quiere ver a alguien que tenga la capacidad y la decisión de utilizar la fuerza del Estado en bien de la paz social.
Cualquier otra cosa será una oferta vana; una oferta que nadie va a escuchar…
Cualquier otra cosa será una invitación al abstencionismo; porque una sociedad asustada no ejerce sus derechos por miedo.
Y ante el miedo, ¿Quién gana?
Usted dirá.
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