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Ricardo Alemán
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14 Octubre 2016 04:00:00
Ricardo Anaya, el mejor alumno de López Obrador
Si le decimos que el personaje a analizar el día de hoy es un político mañoso, tramposo, desleal, sin palabra y que gusta de la traición… seguramente ya tiene en mente a un tabasqueño.

Pero tendrá más claro el perfil si –a lo anterior– se suma que nuestro hombre también abusó de su cargo como jefe de su partido y se apropió de millones de spots –de manera ilegal y tramposa– que la ley destina al partido. Pero nuestro hombre los hizo suyos, como si se tratara del dueño de una
concesión.

Y si aún no adivina, le diremos que nuestro político no sólo hizo trampa con los millones de spots que se robó, sino que ya está en campaña presidencial abierta e ilegal, con dinero público; con las prerrogativas que otorga el Gobierno para todo el partido y no para un solo hombre.

¿Ya sabe de quién estamos hablando?

Se equivoca si pensó que nuestro hombre se llama Andrés Manuel López Obrador. No hay duda de que AMLO es un político mañoso, tramposo, desleal, sin palabra y que gusta de la traición. También es cierto que a lo largo de los casi 20 años que lleva en campaña, AMLO se robó los spots de los partidos que lo han cobijado.

Y es un hecho que Obrador recorre el país en clara y abierta campaña presidencial, ilegal y tramposa, sin que nadie sea capaz de aplicar la ley. Y no dicen nada, porque toda la clase política le teme. Pero no, no hablamos de López Obrador.

En realidad nos referimos a un político de párvulos, motejado como “El Niño Maravilla” y cuyas características políticas son copia calca del Tabasco.

Nuestro hombre se llama Ricardo y su apellido es Anaya. Es presidente nacional del PAN y desde los tiempos de su interinato como jefe azul mostró una ambición sin límite para escalar lo más alto del poder.

Ricardo Anaya es un populista formado en las cañerías de la política; de la maña y la trampa, en donde la deslealtad y la traición son los signos distintivos, mientras el engaño y la mentira son la carta de presentación.

Sí, Ricardo Anaya es una suerte de alumno aventajado de AMLO; algo así como un “clon” del tabasqueño. ¿Por qué Ricardo Anaya es el más aventajado pupilo de AMLO? Las pruebas están a la vista. Basta mirar el pasado reciente de Anaya –en Querétaro–para entender las razones por las que un joven avispado y adulador llegó a los cuernos de la luna en no más de un sexenio. Anaya escaló posiciones en el Gobierno de Francisco Garrido Patrón en Querétaro, gracias a “las gracias” que hicieron famoso a AMLO. Es decir, a la traición, la intriga, la deslealtad, la adulación sin límite y el parricidio. De hecho, pocos saben que el gobierno panista de Querétaro fue perdido por los azules, en buena medida por la corrupción que prohijó el llamado “joven maravilla”.

Ya en México –y gracias a sus habilidades para el cultivo yucateco–, Anaya se metió al primer círculo de Gustavo Madero y luego se “tragó” al propio Madero, a quien prometió cuidar al PAN para las ambiciones de Madero en 2018.

Sin embargo, Madero nunca vio las señales de la traición y cuando trató de reaccionar ya era tarde. Anaya le arrebató el partido, el control político y hasta la candidatura presidencial. La traición, como norma de conducta. Y es que Ricardo Anaya mató a su padre político y se comió sus restos.

Hoy, Ricardo Anaya recorre el país en encuentros con la militancia azul, en donde se anuncia la llegada del “Presidente Anaya”, en un subliminal juego de palabras que lo hacen ver no sólo como candidato, sino ya como presidente en 2018.

¿Y cómo entender el lance político más reciente de Anaya?

Es su destape como presidenciable y la respuesta pública del precandidato Ricardo Anaya, a sus adversarios en el PAN –Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle–, quienes durante un debate en el informativo de Carlos Loret exigieron “piso parejo”.

En los hechos, Anaya responde como es típico en Anaya: con el engaño y la traición. Y es que, en tanto presidente del PAN, no puede ser juez y parte. Es decir, no puede usar los recursos públicos del PAN para moldear su propia candidatura.

Pero en el pecado Anaya puede llevar la penitencia. Una penitencia igual a la que vivió otro ambicioso tabasqueño: Roberto Madrazo, quien igual que Anaya, se robó la dirigencia del PRI para construir su candidatura.

El resultado todos lo conocen.

Al tiempo.

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