Esa frase resume a los movimientos artísticos de avanzada y propone el carácter moderno, renovador, que tiene el arte suyo. De ahí que riesgo y arte son un binomio indisociable.
Fuera del riesgo, lo que hay son manifestaciones entretenidas u ornamentales. El arte por el arte, se dice.
Si bien a veces se desprecia a la generación del Oulipo por basar su estética en el riesgo por el riesgo (sin buscar una relación plena con el fondo), lo cierto es que sólo este ámbito permite la renovación y pone sobre el diálogo del arte mundial nuevos argumentos.
Saul Bellow introduce un nuevo concepto al binomio arte-riesgo: el de la honestidad. “Ser honesto y dar una noticia humana”, demanda Bellow. Y, no hay duda, no hay oficio más riesgoso que ser honesto. Pero sólo la honestidad hace de una obra un acontecimiento particular, propio.
El riesgo nos enseña el carácter desnudo del arte: su peligrosidad. Tras las capas de letras o pintura, bajo las notas musicales hay un pulsar incandescente que puede estallar en las narices del artista. Es una batalla perdida de antemano. Es un hábito siempre perturbador.
“¿Qué es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura es básicamente un oficio peligroso”, dijo Roberto Bolaño.
Esa trinidad saca a la luz otro concepto, dicho hasta el hartazgo, que es el de la libertad. Así lo propone Gadamer: “La fascinación (…) estriba precisamente en el riesgo: se disfruta de una libertad de decisión que sin embargo no carece de peligros y que se va estrechando inapelablemente”.
Hablamos de la libertad que ejerce un creador en la intimidad de su ejecución, momento único en el que puede hacer esa exploración de su propio inframundo del que hablaba Bolaño; donde puede hacer manifiesta esa honestidad que propuso Bellow sin temor. La libertad no deja de existir por recibir un apoyo o patrocinio. Es un momento único durante la creación.
Propongo estas ideas luego de que un movimiento (que tiene todo mi respeto y admiración) tuvo temor de llamarse independiente; pero sobre todo porque su concepto de riesgo tiene que ver con argot de mercado: “el riesgo de que no nos dejen lana”; “porque cada quien va bajo su propio riesgo”.
Ya que esta asociación lleva la palabra “Arriesgados” como apellido, no estaría nada mal llevarlo a sus últimas consecuencias como propuesta, como idea y oportunidad de diálogo.
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